El Toro del Aguardiente pone el fin de fiesta a cuatro días de intenso Carnaval


Hola, papá. ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por Salamanca todo tranquilo. Ha amanecido nublado y a primera hora de la mañana ha llovido, poco, pero ha caído un poco de agua.

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La persona que pervivirá por siempre en mi corazón (gracias por existir)


¡Hola, papá! Se termina ya el Carnaval. Y mañana el ‘Entierro de la sardina’. ¡Lo que te gustaba a ti ese día para ir a degustar tan delicioso manjar cuando en Salamanca el antruejo se celebraba con noches de fiesta y algarabía.

Yo estoy aquí, en mi cama. Acabo de llegar del fisioterapeuta y mi espalda es una contractura entera. Así que supongo que después de la ‘paliza’ que me ha dado tu amigo Pedro, mañana no me podré ni mover.

Dirás que es un poco tarde para escribirte, aunque es cierto que te hablo muchas veces a lo largo del día, pero es aquí donde más me gusta contarte mis cosas o las que compartimos juntos.

Hoy hemos tenido visita. De una persona que te quiere mucho. Raúl se presentó casi por sorpresa y hemos estado comiendo y recordando lo mejor de Nacho, porque, como siempre te digo, eres un padre genial.

Por aquí abajo sólo se habla de la disolución de las Cortes, de fútbol y los personajillos de opereta de los ‘reality’, esa palabra que tanto te encabronaba (literalmente). Y es que este año tenemos elecciones generales, municipales y autonómicas. Casi nada.

Mirando Facebook encontré una frase que me encantó y que quiero transcribírtela literalmente porque cuando la leo es como si estuvieran hablando de ti: “Creo que algunas personas jamás nos dejan, nunca se van por completo, aunque ya no estén. Su esencia queda, su voz se escucha, las sentimos sonreír. Son personas eternas”.

Conociéndote seguro que también literalmente me dirás que es una ‘mariconada’ (palabra que utilizabas sin ningún tipo de connotación sexista o discriminatoria), pero a mí me llenó cuando la leí. Yo sigo sintiendo tu voz, viendo tu sonrisa y notando tu mano acariciando mi cara y tus labios dándome un tierno beso.

Bueno, papá, que me empiezo a poner tontorrona y no quiero estar triste en esta noche que antes celebrábamos a lo grande en Miróbriga. Descansa, mi vida. ¡Te quiero, siempre!

‘Pintoyo’, el ‘invitado’ no esperado de la peña ‘El último’ del Carnaval de Ciudad Rodrigo


Los días de fiesta y baile en la peña ‘El último’ en el Carnaval de Ciudad Rodrigo. Tú bailando la conga.

¡Hola, papá! ¿Estás de carnavales? Espero que sí. Y que estás bailando ‘La campana gorda’ con esa maravillosa sonrisa que se te ponía en la cara que iluminaba el Casino mirobrigense cada vez que empezaban a sonar los primeros acordes.

Hoy se me vienen tantos y tantos recuerdos a la cabeza. Fueron más de 20 años viajando cada día hasta Ciudad Rodrigo para vivir esa fiesta única. Y la verdad es que nos pasó de todo. Éramos los auténticos ‘supervivientes’.

Seguro que te estás acordando de nuestra peña, ‘El último’, en la calle Madrid, y cuyo lema era el único que cierre la puerta antes de que pasara el encierro. Pero un día apuraron demasiado y el toro se coló en el portal. Tú, no sé si valiente o inconsciente, estabas en la planta baja, yo, que tenía más miedo que vergüenza, ya estaba sentada en el rellano de la primera de las dos plantas de la casa.

Creo que aún nos retumban los oídos cuando el morlaco, de nombre ‘Pintoyo’ arrancó la puerta de cuajo en aquel espacio hueco. Yo comencé a subir escaleras a más velocidad que el mismísimo Usain Bolt. Llegué al segundo piso y me di cuenta de que ya no había más. Volví a bajar y toqué el timbre del domicilio para que me abrieran por si acaso el animal, completamente encelado, también se atrevía con los peldaños.

Por mi cabeza sólo pasaba dónde estarías tú. Estaba desencajada por el miedo de aquel toro de 500 kilos y por saber tu paradero. Finalmente lograron sacarlo a la calle y aunque rompió la enorme mesa donde tomábamos los más exquisitos aperitivos a base de viandas típicas de la tierra y con los caldos calentitos que nos preparaba Ana, la anfitriona, no hubo que lamentar nada más. Por fortuna en aquel momento sólo estábamos cuatro personas allí.

Una hora después, cuando llegaba la hora del ‘papeo’, como tu decías, hubiera sido una auténtica sangría. Pero al final bajé y nos fundimos en un enorme abrazo, al tiempo que recibiste una buena regañina por ‘kamikaze’ e inconsciente. Creo que los dos estuvimos algunos días sin dormir del susto. Eso sí, luego íbamos por la calle y todo el mundo preguntaba que si éramos nosotros los del portal. Y a ti te encantaba contar la hazaña.

La lástima es que en aquella época no existían los móviles para tener ahora guardadas esas fotos de aquel momento. Pero las llevamos en nuestra cabeza, en nuestro corazón…

¡Feliz sábado de Carnaval, papá! ¡Te quiero!

Un brindis por tu libro y un Carnaval sin pregonero


Cava para brindar por el libro que pronto verá la luz desde el maravilloso enclave de ‘La barra de Gonzalo’

¡Hola, papá! ¿Sigues contento? Yo también. Ayer por la noche, después de casi cinco meses, fue la primera vez que salí porque tenía algo que celebrar. No fue lo mismo sin ti, pero bueno, cuando miraba hacia la Plaza Mayor desde La barra de Gonzalo, te veía reflejado en el cristal, sonriendo, quizá con un poco de nostalgia en esos maravillosos ojos grises que desde hace tres meses también guardan los míos.

Los callos de ‘La barra de Gonzalo’. Un manjar de dioses.

Lógicamente hubo brindis con cava y, por fin, mamá probó los que yo te decía que eran los mejores callos del mundo. ¡Como hubieras disfrutado! Tenían una pinta exquisita y un olor… Seguro que salivabas desde donde estés.

Me puse guapa, dentro de lo que cabe, porque ahora me cuesta bastante más que cuando salíamos a tomar nuestros vinos, le di un toque de color a mis labios y no me puse mucho rimel por si acaso las lágrimas empezaban a brotar. Aunque no. Creo que ayer la felicidad interior superaba a la tristeza.

Ahora espero que me guíes, igual que lo haces cuando escribo cada día, para darme una idea de cómo quieres que sea tu portada. Todavía tengo la mente un poco bloqueada y tengo que buscar fotos de aquellas maravillosas jornadas carnavaleras con nuestra panda de la peña ‘El último’.

José Pinto, pregonero mayor del Carnaval, fallecido a dos días de pronunciarlo.

Este año el Carnaval mirobrigense no ha empezado demasiado bien. El encargado de dar el pregón ‘grande’, José Pinto, un ganadero que se hizo famoso por participar en varios concursos televisivos, murió de repente ayer y el alcalde, mi compañero de faenas en ‘El Adelanto’, Juan Tomás Muñoz, ha decidido suspender ese acto.

Cuántas veces soñaste con ser tú quien diera la bienvenida en ese Teatro Nuevo a una de las fiestas que más disfrutaste desde bien joven.

Pero bueno, al final tú y yo, sólo tú y yo, tuvimos el privilegio de ser pregoneros en Miróbriga en la asociación cultural ‘El Porvenir’. Por una vez, y sin que sirviera de precedente, te tomé la delantera y me eligieron a mi primero para tan gran privilegio.

Eso sí, conté con la inestimable ayuda de tu exquisita pluma. Nunca olvidaré la imagen en la que yo estaba en el escenario, nerviosa, con 120 pulsaciones al minuto, y tú desde abajo, mirándome embelesado desde tu silla, me hacías gestos con las manos para que leyera pausado, despacio.

Fue misión imposible. La verdad es que lo de hablar rápido es algo que nadie ha logrado corregirme. Y como de un pregón, como si de una boda se tratara, luego salió otro: el tuyo. Inolvidable, mágico, cautivador, hechizante, perfecto… como cada cosa que escribías con ese don que te dieron para la literatura.

Este año cuando suene ‘La Campana Gorda’ en el Casino, esa que tantas veces bailamos mientras nos tomábamos un aperitivo ‘light’ de Martini Blanco con ginebra, la canción comenzará con el ‘Ya estamos todos aquí’, pero no, no estarán todos. Faltarás tú, papá. Y yo también. Porque ya hace años que nos daba algo de pereza.

Pero en mi cabeza tengo mil y una anécdotas para contar, con las que pasamos risas y algún que otro rato de miedo durante los encierros y que me voy a guardar para narrarlas con todo lujo de detalles en estos próximos días de bullicio, jolgorio, música y diversión en las calles mirobrigenses.

Como cada día, y por si acaso se te olvida, te recuerdo lo de siempre. ¡Te quiero, papá!