José Jáuregui, el hombre que inspiró tu gran obra: ‘Callejero Histórico Salmantino’


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El busto dedicado a José Jaúregui en Candelario

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Por aquí de jornada de reflexión. Mañana tenemos otra vez cita con las urnas. Ya te iré contando las novedades. Sigue leyendo “José Jáuregui, el hombre que inspiró tu gran obra: ‘Callejero Histórico Salmantino’”

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La Plaza Mayor empieza a vestirse de gala para que tu recuerdo sea único y eterno


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Preparativos en la Plaza Mayor de Salamanca para la Feria Municipal del Libro, que se inaugura el sábado.

¡Hola, papá! Vaya día que llevo. Desde las ocho de la mañana que me levanté para ir a yoga hasta ahora no me he sentado. La verdad es que son días de mucho jaleo y demasiadas emociones. Sigue leyendo “La Plaza Mayor empieza a vestirse de gala para que tu recuerdo sea único y eterno”

Siete años sin Delibes y cinco minutos (que no horas) con Mario de ‘Víctor Jara’


 

 

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¡Hola, papá! Otro precioso día primaveral. Otro precioso día en el que el sol brilla aún más que tu estrella cuando anochece y te pones junto a luna a contemplar el cielo.

Hace poco me encontré con Charro Carril, mi ex profesora de matemáticas y gran seguidora de las buenas lecturas sobre Salamanca. Te profesaba una grandísima admiración y pasabáis muchos buenos ratos charlando de libros y de historias charras cada vez que os juntabáis. Sigue leyendo “Siete años sin Delibes y cinco minutos (que no horas) con Mario de ‘Víctor Jara’”

Un tipo afable que nunca se cansaba de aprender y buscar en el Archivo Municipal


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¡Hola, papá! ¡Vaya día que ha amanecido! Hace un frío que se mete por los huesos y además llueve. Y lo peor de todo es que tus gorras y tus guantes están aquí. Se me olvidó mandártelos en el pequeño equipaje que preparamos para tu último viaje.

¡Qué cabeza la mía! Espero que por allí alguno de tus amigos, cada día se van marchando más , por desgracia, te presten una, porque ya no recuerdo si te puse algunas monedas por si las necesitabas.

Mi espalda está regular. Ya te dije ayer que no es lo malo el masaje para aliviar las contracturas, sino las horas siguientes. Además, ha sido otra mañana de no parar. Ahora tengo muchas cosas que hacer, entre ellas cuidar a mamá y la verdad es que a veces siento que me faltan horas, especialmente para las gestiones administrativas.

Media mañana perdida en el centro de salud, otra media en Servicios Sociales y luego una visita al Archivo Municipal para un proyecto que ya te iré contando si sale bien.

Y claro, ya sabes que fue llegar allí y recordar las horas que pasaste sentado en sus mesas buscando documentación para el ‘Callejero Histórico Salmantino’. Hoy estaba vacío, pero cuando estaba mirando cada uno de esos rincones, apareció uno de los trabajadores por allí, que lógicamente se quedó extrañado por mi presencia.

Le expliqué que era tu hija y que estaba curioseando la sala porque tú ya no estabas y me gusta ver los sitios en los que tú eras tremendamente feliz. Enseguida me habló de tus libros, de la cantidad de tiempo que pasaste allí y lo que más me gustó es que dijo una gran verdad: “Tu padre era un hombre muy afable y simpático”. No veas la felicidad que se siente cuando la gente te recuerda como una persona así. Él mismo me explicaba que no es lo normal, que hay ‘cenutrios ‘ que ni tan siquiera saludan.

Amablemente me invitó a que volviera si algún día tenía que hacer alguna consulta. Y yo le respondí que si algún día me decido a seguir tus pasos y escribir un libro, estaría encantada de volver allí y ocupar uno de esos asientos.

Sé que me repito mucho, pero es que realmente es un orgullo que los que te conocieron tengan siempre buenas palabras sobre una persona tan increíble como tú, porque aquí no creo en ese epitafio que tanto te gustaba de Enrique Jardiel Poncela que decía: “Si queréis los mejores elogios, moríos”.

Hablando de muertes. Cuando abrí el buzón encontré la última carta del hospital, la de tu fallecimiento. Ahora toca actuar contra todos los que te llevaron al fatal desenlace. Y lo voy a hacer por ti. No sé de donde voy a sacar las fuerzas, pero lo voy a hacer. Tanto sufrimiento, tanto dolor, tantas horas de quirófanos, noches sin dormir, angustia, depresión… Para al final por un cúmulo de negligencias quedarme sin el amor de mi vida.

Te dejo, papá. Si te encuentras con tu admirado Gabo (Gabriel García Márquez) acuérdate de felicitarle, que hoy hubiera cumplido 86 años. Tápate bien esta noche, ya que yo ya no puedo hacerlo. Y recuerda lo que te digo siempre: ¡Te quiero, mi vida!

Sólo muere el que es olvidado, y tu legado es eterno


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¡Hola, papá! ¿Qué tal sigues? Hace un día precioso, como habrás visto desde ese privilegiado lugar que tienes en la eternidad. El sol ilumina cada las calles, aunque mi sol se apagó hace ya más de mes y medio.

No pienses que ayer se me olvidó escribirte, nada más lejos de la realidad. Tenía que buscar un nombre para este blog y quería que fuese especial, como tú. Ahora ya está decidido y te voy a tener en vilo un rato hasta que lo veas. Seguro que te gustará, porque te define a la perfección.

Me sonrío porque hace un poco abrí Twitter y hoy todo el mundo habla de ‘El Clásico’. Esa palabra que tanto le removía las tripas a un purista de la lengua como tú para definir un partido entre el Real Madrid. Para ti un clásico es ‘El Quijote’, ‘La Regente’ o ‘Luces de Bohemia’ (por citar tres sólo de los muchos que te encantaba releer de vez en cuando.

Y hablando de libros, como siempre en mis melancólicos paseos matinales, pasé por el escaparate de una librería en la Gran Vía y vi una taza con tu nombre, que lógicamente me sorprendió y me hizo saltar las lágrimas. Ponía: “Ignacio: Bajo la apariencia de un tipo duro se esconde un verdadero héroe”. Otra vez la palabra héroe. 

Y es que aunque al final te fuiste, lo hiciste como un valiente, luchaste, pero tanto sufrimiento no era soportable.

Pero intento dejar la melancolía a un lado para contarte algo que te hará feliz. Cuando camino a la caja, la vista se fue hacia uno de los mostradores. Allí lucía en primer planto tu callejero, ese en el que pusiste tantas ilusiones y al que te entregaste en cuerpo y alma durante 7 años, sin apenas dormir, porque te apasionaba el proyecto y querías que viera la luz cuanto antes.

Mi sorpresa fue aún mayor cuando al ir a pagar me encontré con Cele, uno de tus amigos de ‘Cervantes’, la librería donde tantas horas pasaste mirando libros y donde adquiriste muchos de los 4000 libros que hoy llenan las estanterías de tu casa.

Un auténtico orgullo como hija ver que al final tu legado es patrimonio de la Humanidad, porque las personas pasan, pero sus obras quedan. Y la tuya estará ahí para siempre. Gracias, papá. ¡Te quiero!

 Esa palabra que tanto odias para definir un partido entre el Real Madrid y Barcelona. Para ti un clásico es ‘El Quijote’, ‘La Regenta’