Los homenajes a don Benito Pérez Galdós y mis ganas de cambiar mi mundo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Por aquí todo bien. Hoy me acordé de una de estas frases que jamás se irán de mi mente, porque las repetías hasta la saciedad. “Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo”.

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La esparraguera de la vida y tus tres ‘amigos’ australianos


¡Hola, papá! ¡Qué fuerte viene está viniendo el invierno! La verdad es que no hay quien para de frío. Aunque casi mejor, porque como decías tú sabiamente: ‘Como temple un poco nieva! Lo que te gustaba esa frase, sobre todo en verano, cuando todo el mundo se quejaba del calor que hacía. Aún puedo ver sus caras y la tuya partiéndote de la risa.

Como buen genio siempre tenías la palabra perfecta en el momento adecuado.

Pero por desgracia los genios no son inmortales, aunque alguien debería remplanteárselo, porque cada vez quedan menos y este país cada día va peor.

Ya sé que tú no eras mucho de cotilleos, pero esta mañana lo he leído y he pensado en tu comentario. El tal ‘Paquirrín’, al que no le voy a poner calificativos porque tú y yo ya sabemos quién es este personaje, cobra 45.000 euros a la semana por estar en un ‘reality’ (no me mates por utilizar anglicismos, que ya sé que tú eres un purista del castellano).

Hace unos días me percaté de un detalle que me puso muy triste. Tu ‘esparraguera’, esa planta que tenías en tu despacho, ya no está.

De repente se me vino a la memoria lo que decías de ella. Que era como tú vida misma. Si se secaba un poco caías enfermo, cuando estaba verde y reluciente, tú también estabas así. Y es verdad que este verano comenzó a marchitarse.

Yo todos los días le echaba agua y le quitaba las partes que estaban secas. Sé que parece una bobada, pero seguramente se acabó de secar aquel 15 de diciembre y mamá, además, ha tirado hasta el tiesto, o lo tendrá para plantar alguna cosa suya.

Por aquí tengo a tus tres ‘amigos’ australianos: Ramón, Benito y Miguel. Así quedamos en que se llamarían el koala, el canguro y el pingüino que me pediste como regalo de mi viaje a Australia cuando te los llevé al hospital.

Creo que también están tristes, como yo. Durante muchos días te estuvieron esperando en tu mesilla, junto a tu cama, para darte la bienvenida cuando regresaras a casa. Ahora los tengo en mi habitación, y los abrazo muchas veces, al igual que hago con tu almohada, tus libros…Con todo lo que hace que sienta un poco de calor en el corazón gélido que me has dejado con tu ausencia.

Poco más, cariño. Supongo que habrás disfrutado como nadie de la ‘superluna’, que anoche lucía más bonita que nunca, quizá porque estabas tú iluminándola para que la viera y me acordara más de ti.

Me despido como cada día, papá. ¡Te quiero! Y sólo sueño con el día en que volvamos a vernos y a fundirnos en un abrazo que esta vez sí, va a ser infinito y eterno, porque no quiero separarme de ti nunca.

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