Los despertares de Reyes cargados de ilusión, roscón y zapatos en el salón


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Es mañana de Reyes. 6 de enero ya. Me he despertado un poco nostálgica, como es normal. Ya son dos años sin zapatos en la mesa, sin desayuno con chocolate y churros recién hechos y, sobre todo, sin vosotros.

He tenido una pequeña sorpresita en mi salón y ahora me he puesto canciones para animar esta gélida mañana.

Dicen que la música reconforta el espíritu. Y sí. Es verdad.

Hoy traigo una foto cargada de ternura, de maravillosos recuerdos, de los días más felices de mi vida.

Cada madrugada del 5 al 6 de enero, dejabas tu zapatilla, un poco guarreta, y mamá su zapato encima de la mesa del salón. No porque os gustara demasiado, si no porque yo os mareaba una y otra vez.

Cuando dormiáis, me levantaba de madrugada y colocaba vuestros regalos en los zapatos. Y me volvía a la cama. Nerviosa. Mucho. Esperando ver vuestra cara cuando a las once y mucho hacíais aparición por el salón.

Luego cogía mis artilugios de cocina y toda la mañana experimentando recetas en la cocina.

Era el día de la ilusión, de la niña que nunca ha querido terminar de crecer, porque no hay nada más hermoso que conservar parte de esa ingenuidad, de inocencia y de amor incondicional a las personas que le dieron la vida.

Mi osito y mi princesa, como os llamaba cariñosamente. Hoy sonrío, pero mis ojos denotan tristeza infinita.

Y en un rato, cuando salga a pasear, y vea a los peques con sus juguetes y sus sonrisas llenas de ternura, supongo que me emocionaré también, pero ya te lo contaré con calma.

Ahora voy a recoger mis cosas y empezar este día con unas frambuesas. Luego tendré un trocito de roscón.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que ya es hora de empezar a ponerse en marcha. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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