Las tardes de Reyes entre patines, cabalgatas y felicidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Cogiendo un poco de vitamina D. Es 5 de enero y hace una mañana fabulosa.

Para estar al sol. Se entiende. A la sombra no hay quien pare. Hay una inusitada calma para lo que sería cualquier día de Reyes. De momento se ve poca gente circular por la calle y como la Cabalgata será virtual, pues nada. Los niños tendrán que ver a los Reyes Magos en casa.

Ya he perdido la cuenta de los años en que a estas horas era puro nervio pensando en la tarde de repartir regalos y, especialmente, felicidad, entre los pequeños y los mayores.

Era un día de auténtica locura. Bendita locura. Lo que más ilusión me hacía era ver tu cara cuando descendía por las escaleras de Caja Duero vestida de paje.

Siempre te dedicaba mi mejor sonrisa. Me encantaba verte allí esperándome. Primero fuiste tú el encargado de que no perdiéramos nunca la ilusión en esa noche mágica.

Después tomé el relevo y era yo la encargada de sorprenderos. Siempre os decía antes de ir a la cama que dejarais un zapato limpio en el salón.

Seguramente que ni lo limpiabas, pero siempre había una bonita sorpresa para ti y otra para mamá.

Esa noche me costaba conciliar el sueño. Estaba más nerviosa que tú por ver tu cara al levantarte.

Esa ilusión que tú tenías por hacerme feliz cuando era pequeña, volvió a mi con el único objetivo de devolverte una milésima parte de todo lo que sacrificaste por nosotras.

Un año que estuviste pachucho, fui con mamá a comprarte una cámara de fotos. Y le pedí a mi ‘colega’, el Rey Baltasar, que te lo diera.

Qué pena no grabar tu cara. Eras como un niño que veía a los Reyes por primera vez.

Y la mía. Seguramente derrochando más felicidad todavía.

Para ilustrar este post, he cogido una foto que no tiene mucho que ver con los Reyes Magos, pero fue otra de mis locuras.

Habían instalado una carpa de patinaje sobre hielo. Ni corta mi perezosa, agarré a mi princesa y nos fuimos hacia allí.

Salí completamente agarrotada, pero también eufórica. Al final ya sabes que me gustan los retos. Y éste llevaba en mi cabeza ni se sabe.

Veo a mamá diciéndome: “ten cuidado”. La pobre lo pasó mal. No como yo, que disfruté la experiencia a tope, como hacía con todo.

Sigo aprovechando el sol. Me entra hasta una modorrina de estas que te dejan medio adormilada. Así que será mejor que me ponga a hacer otras cosas.

Bueno, pituco. Espero que hayas escrito tu carta a los Reyes Magos. Y que allí donde estés, con mamá, os llenen el zapato de felicidad y una buena botella de vino.

Yo lo pondré por si acaso. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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