El banco de las sonrisas y del papá feliz de tierna mirada


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Dos días, dos. Y se marchó 2020. Alegría contenida y un halo de esperanza de que todo irá mejor.

Acabo de abrir un periódico digital. Este año ni tan siquiera la tradicional ofrenda a Miguel de Unamuno será pública. Se hará con invitación y con las medidas de seguridad que marca la ley.

E imagino tu cara. Sería más o menos así. ¿Qué me estás contando? Pues eso, papá. Que ni 2020 lo vamos a poder terminar como hacíamos habitualmente.

Será tu buen amigo Paco Blanco el encargado de hacer la ofrenda junto al alcalde de Salamanca.

He elegido esta fotografía porque me encanta. Estás sentado en tu banco. Sonriendo tímidamente, esperando a la pesada de tu hija para dar un paseo antes de volver a casa.

Con tu cazadora azul y esos ojazos mirando a la cámara con un gesto un tanto extraño. Todos los días, a esa misma hora, empezábamos nuestra ronda de bares. Y la verdad es que lo pasábamos muy bien, peque.

Siempre zascandileando de un lado para otro, siempre felices (aunque lógicamente discutiéramos alguna vez). Pero hasta las discusiones tienen su encanto, siempre y cuando no se vayan de las manos.

No éramos de mucho discutir, pero si había que decirse algo, se decía y punto.

Cada vez que salgo de casa miro al banco. Y aunque no estés allí esperándome físicamente, sé que estás allí, cuidando de mi. Deseando verme salir feliz.

Y sí. Todo llegará, evidentemente, pero ahora son las peores fechas para pensar en risas.

Por cierto, ayer se fue al arco iris de los papás o al de los músicos, el gran Armando Manzanero. ¡Cuántos boleros salieron de su boca! Muchos. Yo creo que todos teníamos uno en la boca en los informativos daban la noticia.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que me está entrando sueño. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero!, ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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