Las cálidas noches de este atípico invierno de 2020


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Por aquí sin novedades. Y como verás con unas temperaturas elevadas para estar en diciembre 🤣.

A las 9 de la noche de ayer, el reloj marcaba 56 grados. Y entonces pensé: ¿qué hago con bufanda, plumífero, jersey de cuello alto y botas de borreguillo? Vamos, que me dieron ganas de sacar el bikini.

Es broma. Pero he intentado ponerle un toque de humor a esta mañana donde el termómetro marca solo 4 grados y en la que no hay mayor placer que quedarte disfrutando en la cama con el móvil, con el ordenador o simplemente pensando.

Me he despertado con dolor de garganta, pero ya se me ha pasado. Este año, por echar de menos, extrañamos hasta no haber pillado el típico resfriado de estas fechas.

Por suerte o por desgracia, el coronavirus también se lo ha llevado, como se ha llevado tantas cosas maravillosas que llenaban estos días de alegría y felicidad.

Es 12 de diciembre ya. Y en mi cabeza sobrevuelan fantasmas de hace dos años. Estábamos en el hospital con muchas esperanzas de volver a casa.

Intento no pensarlo, pero es inevitable, peque. Inevitable. Creo que me esperan unos días bastante duros porque las cicatrices aún no han cerrado.

Te das cuenta que el tiempo pasa, pero la pena no. Que no hay nada que alivie ese desasosiego de ver marchar a la persona que te dio la vida.

Y eso que procuro mantenerme activa todo el día, pero Salamanca es muy pequeña y si sales a cualquier sitio, siempre hay algún lugar o alguna persona que te lo recuerda.

Inevitable. Y otra vez estoy escribiendo un texto triste. Todo lo contrario a lo que me prometo cada día. Y entonces es cuando me asomo a la ventana y busco una señal en forma de arco iris o de cigüeña.

Algo que me diga que sigues cerca de mí de alguna manera. Y si no la encuentro prosigo en una lucha incesante que me mantiene ocupada en estos días previos a la Navidad y al fin de un año que pienso que todos queremos que se vaya ya.

Éste también nos ha dejado heridas que tardarán en sanar, pero por lo menos estamos vivos, que no es poco. Hay gente que no tiene la fortuna ni de poder abrir los ojos cada mañana, aunque sea para ver ese cielo gris que me llena de nostalgia.

Una vez más, disculpa por no ser capaz de darle otra forma a mis post. Esto también genera una frustración personal. También quiero pedir excusas a los que cada día dedican unos minutos a leerlo.

Eran más divertidos los de las mil y una anécdotas que vivimos juntos. Ya te he dicho que regresarán. Solo es cuestión de tiempo.

Bueno pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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