Mañanitas de peluche, ternura y recuerdos con mucha adrenalina


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Aprovechando la mañana para hacer las tareas diarias, como tiene que ser.

Hace unos días pasé por un escaparate y vi esta cigüeña de peluche. Igualita a la que cuelga del techo de tu despacho.

Y es que al final, las cigüeñas también se han convertido en uno de mis animales favoritos. Tienen el poder de eclipsarme. Lo único que con este frío han huido o, al menos, eso creo.

Llevo un par de días sin verlas revolotear, pero no pasa nada. Volverán, como siempre. Majestuosas, con su elegante vuelo y sus largas patas para sobrevolar el cielo de tu querida Salamanca.

Es 10 de diciembre, peque. Y sonrío. Hace cuatro años me esperaba uno de esos días de locura que tanto me gustan.

Mirando en Internet, vi que se celebraba la Nochevieja Universitaria y que había una pequeña exhibición de motocross freestyle.

Ni corta ni perezosa, a pesar de que hacía muchísimo frío, cogí a mi princesa y nos plantamos como dos macetas en la Vaguada.

Creo que me temblaba todo el cuerpo. Por las bajas temperaturas y por la emoción de estar allí, presenciando uno de los espectáculos que más me emocionan.

Gritaba y saltaba al mismo ritmo que las motos. Pero me quedaba la sorpresa final.

Al terminar el espectáculo, el ‘speaker’ anunció que iba a sortear dos entradas para el 15 aniversario de los X-Fighters en Madrid.

Mis nervios aumentaron todavía más. Al final era una pregunta y como 2000 personas mirando una respuesta que yo sabía desde el primer momento.

Tuve un momento de duda, por miedo a que la masa pasara sobre mí, pero cuando vi que transcurrían unos segundos y nadie reaccionaba, salté la valla y con todas mis ganas grité la respuesta correcta.

En ese momento, las motos empezaron a girar alrededor mío. Yo solo brincaba de felicidad. Como una niña a la que le acaban de hacer el mejor regalo que podía esperar aquel año.

A todo esto, me hubiera gustado que vieras la cara de mamá. La pobre no sabía donde meterse.

Pero luego subimos juntas por la Plaza. Fuimos al Elfos y allí brindamos por esa noche mágica, que me mantuvo feliz durante no sé cuanto tiempo.

Conclusión. La cosa más pequeña e inesperada te puede dar la felicidad más absoluta.

Bien es cierto que no solo fueron las entradas para el espectáculo, sino las risas, los abrazos y el momento en que te lo estaba contando mientras tú me mirabas pensando que estaba un poco loca.

Por suerte, la locura no tiene cura. La pena es que ahora no hay demasiadas opciones para tener una descarga de adrenalina así, pero volverán.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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