Las mañanas grises buscando un arco iris de esperanza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo en casita. Hay un grado bajo cero en el termómetro. Y la verdad es que no dan ganas de levantarse de la cama.

Pero hay que hacerlo. No queda otra. 9 de diciembre ya. La imagen que ilustra el post es el cielo de Salamanca. Gris, triste, nublado. Como mi corazón.

Solo hace dos años, regresaba a casa con la ilusión de que amanaciera el día siguiente para volver a coger tu mano.

Era un mensaje de esperanza, con un toque de desconsuelo por tener que dejarte solo en la UVI, pero no había más opciones.

Soñaba con que amaneciera cada día para darte un beso, para tomar tu mano, para decirte ‘Te quiero’, la frase más hermosa que existe en la vida.

Querer sin más. Sin dobleces sin intereses. Un amor limpio y puro. Un amor eterno que sobrevive a pandemias, a veranos, a inviernos… Y que ahora, en estas fechas, me deja una sensación extraña desde que me despierto hasta que me acuesto.

No es fácil dormir, peque. Aunque lo intento como mucho logro que sean 5 ó 6 horas al día. Seguramente que no sea bueno ni saludable, pero de momento es lo que hay. Llegarán tiempos mejores y quizás descanse mejor.

Me gustaría despertarme a las 11 y 11 como hacías tú cada día. No te hacía falta ni despertador ni nada. A esa hora saltabas de la cama. Te ponías tu bata de cuadros y caminabas hacia el salón. Allí te esperaba sobre la mesa un gran tazón de Cola Cao y unos bizcochos del horno San Fernando, que devorabas con un apetito enviable. El que he perdido yo.

Te cambia la vida por completo. Tus hábitos… hasta el carácter. Más arisco, pero en ocasiones me sale ese toque de humor de los Carnero. Y entonces sí que me río. Me río hasta llorar.

Ayer estuve viendo a nuestros amigos los patos en La Alamedilla. Tienen una santa pachorra que contrasta con mi inquietud. Desde que me levanto hasta que me duermo, soy puro nervio. Siempre a no se cuanta velocidad.

Parece que fuera a ganar un Tour de Francia o una carrera de motos, pero no. En realidad es un pulso contra el tiempo.

Un pulso diario, que me deja exhausta cuando llega el toque de queda.

Llega la hora de arreglarme y empezar a hacer cosas. Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo mucho que hacer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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