Las cálidas mañanas de invierno a 150 grados de temperatura


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo en casita. Hace una rasca en la calle… Así que aprovecho para preparar un rico desayuno y ponerme guapa mientras te escribo.

Hoy es el día en que Salamanca retoma media normalidad. Vuelven a abrir hosteleros, centros comerciales y gimnasios. Con limitación de aforo y todas las precauciones para evitar contagios.

Pero bueno. He rescatado una foto que hace gala del sentido del humor que teníamos los dos.

Creo que tiene cinco años. Tú tenías que ir a rehabilitación por un dolor en la espalda. Todas las mañanas íbamos hasta La Alamedilla a tu sesión.

Y, al salir, uno de los días nos encontramos con este termómetro. Marcaba 150 grados. Cogí mi móvil y te invité a posar de modelo.

Tú, perfectamente metido en el papel, hacías como que sudabas, aunque luego no te desprendías de tu gorilla de cuadros y unos guantes gruesos que te regalé para protegerte las manos.

De vuelta a casa, siempre mantenías tu costumbre favorita: saborear un aperitivo, por lo general chanfaina, en un establecimiento de la avenida de Mirat.

Creo que era uno de los mejores momentos del día hasta que llegabas a casa y mamá te había preparado uno de sus deliciosos platos de cuchara. Lo que te podían gustar. ¿Verdad, peque?

Las alubias, el cocido, las sopitas de ajo. Hasta una simple fabada de lata te sabía rica.

Y a mí me gustaba el invierno, porque iba cogida de tu brazo, presumiendo de papá. Guapo, inteligente, simpático, escritor y, sobre todo, buena persona.

Hoy, como todos los días, te echo de menos, pero no me quiero poner nostálgica. Me quedo con esa imagen de mi modelo favorito y a empezar a funcionar, que queda mucho día por delante.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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