De los fogones ardientes a las deportivas para los relajantes paseos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Me despierto muy temprano. Demasiado. Y más en esta etapa de confinamiento, pero no me importa. Siempre quedan cosas que hacer

Es lunes, 16 de noviembre. Una vez más miro mis recuerdos de Facebook y me río. No se puede ser más calamidad.

Hace 5 años, cocinando algo, supongo que un hornazo, dejé la bandeja sobre la vitrocerámica encendida.

Cuando fui a agarrarla para meterla en el horno, como es lógico y normal, me quemé la mano. Me tuve que poner un armatroste casero a base de esparadrapos y una buena dosis de pomada para poder seguir con mi rutina diaria.

Siempre las he liado medio chicas. No como ahora, que salgo a pasear y me dedico a hacer fotos de las hojas en el suelo. Mucho menos peligroso, pero también más aburrido.

No sé cuando volveré a recuperar esas buenas costumbres reposteras. Sigo teniendo en mi habitación el cartel de ‘hornacera mayor del universo’, pero a este ritmo, lo tendré que cambiar por el de ex hornacera mayor del reino.

No sabes lo que disfruto de mi paseo matinal. Ya te he dicho que nunca me marco ni hora ni ruta. Es mejor dejar que sean tus pies los que decidan hacia donde les apetece ir.

No es menos cierto que en una ciudad tan pequeña, en una hora te puedes recorrer casi de punta a punta la capital. A buen ritmo. Y eso sí que lo tengo. Buen ritmo.

Hace un año estaría casi de resaca. Hoy con mi infusión. Más sana y relajante. Aunque no creas que no echo de menos una copita de cava de vez en cuando.

Todo irá fluyendo poco a poco. No te preocupes, peque. Es un proceso de adaptación a la nueva normalidad a la que nos vamos acostumbrando poco a poco.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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