Un viaje de esperanza con destino al arco iris de los papás


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Es la hora de la sobremesa. Pero prefiero escribirte a dormir la siesta.

Amaneció un día fantástico en Salamanca, pero la ciudad sigue relativamente tranquila. A estas horas apenas se oyen coches ni gente pasar.

Es un silencio que no relaja. Más bien denota la tensión y, en ocasiones, el miedo o respeto de las personas por esta pandemia.

Anoche me estuve riendo un rato con las ocurrencias del personal sobre el martes y 13. Decían, y no sin cierta razón, que después del año que llevamos, da lo mismo que sea 13,14 o 28

También hay quien afirmaba que le daba más miedo el 14 de febrero que el martes y 13. Y entonces sonríes.

Esto es como un mal sueño del que no sabemos cuando vamos a despertar. Rebuscando entre mis fotos, he encontrado una que estás en Candelario.

Me encanta, porque tienes una enorme sonrisa y se te ve feliz. Anoche estaba leyendo un texto de ‘La vecina rubia’. Decía que cuando tu padre se marcha al arco iris de los papás y tú estás infinitamente triste, llueve.

Son las lágrimas del cielo, porque no querría verte así. Se supone que después el cielo se llena de luz. Y eso es un mensaje que te envía para que recuperes la alegría y la positividad.

No sé cuando vi el último arco iris. Sí recuerdo con el que me despidió Motorland. Lo miré y, sin que nadie me lo dijera, supe que era una señal tuya.

Estabas feliz porque yo irradiaba felicidad. Se desprendía por todos los poros de mi piel. Es algo que la gente nota en cuanto te mira a los ojos.

También soy consciente del regalo que me hiciste nada más llegar al circuito. Llevaba 8 años esperando ese momento. Pero tuvo que ser allí. En mi primer gran premio en directo sin poder contártelo cuando retornara a casa.

Ahora miro al cielo cada momento. Espero esa señal. La de “cuando menos piensas sale el sol”.

Mientras tanto, toca seguir con la rutina diaria. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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