Viernes sobre ruedas en el quinto aniversario de la muerte de Jules Bianchi


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Yo tranquila. En casa. Con este calor lo único que apetece es estar aquí sola. No sé por qué, pero el clima también está cambiado.

Las temperaturas se disparan por el cambio climático y hemos superado con creces los 35 grados. Así que he cogido la manguera para refrescar la terraza.

A estas horas me entra sueño. Esta mañana madrugué para hacer algunas cosas que tenía pendientes. Y para ver un poco del mundial de motociclismo, que ya sabes que comenzó hoy en Jerez. Con 50 grados en la pista, donde seguramente si pones un huevo y un poco de aceite, se fríe.

Una vez más vuelvo a Facebook. Me gusta ver mis recuerdos. Sé de sobra que no te gusta hablar de ruedas, pero fuiste tú quien me dio la noticia que voy a contar ahora.

Estábamos en la parada del autobús. Era una mañana de julio, en la que, como otras tantas, esperábamos al bus para irnos a la piscina.

Como solías mirar siempre la prensa digital, habías visto que había fallecido Jules Bianchi, el piloto de F1, que sufrió un fatal accidente en Suzuka en octubre de 2014.

Me lo dijiste allí. Mi rostro empalideció. No daba crédito a lo que me estabas diciendo. Pensabas que igual ya lo sabía, pero no.

Inmediatamente comencé a mirar en mis redes sociales. Y fui viendo como sus amigos se despedían de él con una pequeña fiesta. Todos de luto, pero con una copita de cerveza o vino para hacer más llevadero el amargo trago.

Otra manera de ver despedir a una persona. Ni mejor ni peor. Diferente. Cinco años ya. Antes te dabas cuenta de que el tiempo pasaba rápido, pero ahora, mucho más. Con la pandemia el tiempo pasa más rápido aún. Los días empiezan a ser más cortos y en solo unas semanas se nos habrá echo encima agosto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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