El feliz rey del mundo en el infinito final de la tierra


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? ¿Y mamá? Yo bien. En casa. Este calor o te incita a salir y no parar o a tumbarte en la cama y respirar hondo.

Y rebuscar. Recuerdos, imágenes, sentimientos, emociones… En mi pequeño baúl encontré esta foto. Eres tú en Finisterre.

El fin de la tierra. Un lugar mágico que nos dejó eclipsados desde la primera vez que lo vimos.

La brisa acariciando nuestros rostros, el olor a sal, la mirada perdida en ese lugar donde solo hay paz, tranquilidad, una inmensidad de masa azul en la que perderte.

El mar. Ese lugar donde nunca encuentras el momento para volver. Te podías pasar horas y horas viendo romper olas o simplemente escuchándolas romper sobre las rocas.

Te hechizaba incluso más que a mi. Tengo que hacer alguna pausa mientras escribo. Hoy mis ojos no brillan. Son otro mar, de lágrimas, de añoranza, una mezcla muy extraña. No se puede explicar con palabras.

Ahora me ha entrado un fuerte dolor de cabeza. Es como si tuviera vida propia y me estuvieran dando con un martillo por dentro.

Una pequeña botella de agua sacia mi sed en estos momentos. Me he vuelto una chica sana.

Atrás quedaron aquellas noches de brindis, de cava, de celebraciones. Ahora hay que adaptarse a la nueva realidad. A esta extraña etapa que nos ha tocado vivir y que nadie sabe con certeza cómo acabará.

Hoy también ando tardía. Yo creo que este clima afecta hasta a las ganas de redactar un texto que siempre edito con especial cariño.

No sé, peque. Creo que es hora de coger el macuto y salir a dar un paseo. Quizás vuelva al Huerto de Calisto y Melibea, que hace tiempo que no visito, o me deje caer por cualquier otro lugar bucólico.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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