Los ojos verdes de Judith Mascó que te cautivaron para siempre


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? ¿Y mamá? Por Salamanca todo tranquilo. Hace un día bochornoso. Casi hemos rozado los 40 grados de temperatura.

Con este calor, me viene a la cabeza aquellas vacaciones en las que fuimos a Almuñecar y yo llegaba blanca de piel.

Como siempre he sido un poco bruta con el sol, y los tres estabáis ya con un color estupendo, quise igualarlo en tiempo récord.

Resultado final: Caos total. Hecatombe. Una noche de fiebre, erupciones, tiritonas y escalofríos en pleno mes de julio.

No tengo foto de ese momento, pero es complicado olvidarlo 😂. Recuerdo que me puse unos pantalones. Otra genial ocurrencia.

La tela provocó que aquellas quemaduras empezaran a formar una especie de ampollas.

Después llegó la consiguiente visita a la farmacia y cerca de 15 días sin poder exponerme al sol.

No había manera de quitar aquellas molestias, pero al final sigo adorando un buen ratito de vitamina D.

Te cambia el carácter y te genera una positividad infinita.

Estaba buscando en mi álbum de fotos del móvil y encontré una de Judith Mascó.

El cartel estaba expuesto en uno de los escaparates de Pronovias. Tuviste un flechazo con los increíbles ojos verdes de la modelo catalana.

Cada día, cuando pasabas por allí, te quedabas embelesado admirando su belleza.

Tanto te gustó, que una mañana entraste en el comercio y se lo pediste a su dueño, Jesús, que en cuanto cambió de escaparate, te lo regaló gustosamente.

Lo tuviste bastante tiempo en casa. Luego ya, por su gran volumen, la llevaste al garaje, donde sigue tal como la dejaste.

Y mañana empieza julio. Un mes donde debería haber San Fermín y Tour de Francia, pero que por circunstancias de la pandemia, lógicamente han sido cancelados.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es muy tarde. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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