Los bocatas del Cenzual y la caída en el cole que me dejó mi nariz tocada


 

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Yo bien. Hoy a las 21.40 entra oficialmente el verano y es el ‘yellow day’. Se supone que el día más feliz del año.
Y sí. Así es como hay que estar. Felices, sonrientes y positivos. Mirar hacia adelante con optimismo y pensando que todo va a salir bien.Esta mañana he salido a pasear, como siempre. Caminar se ha convertido en una de mis actividades favoritas en esta pandemia.Pasé por las Trinitarias y me vinieron a la cabeza mil y una anécdotas de mi niñez. Especialmente del día que me caí de la rueda en el patio del colegio.Siempre fui un poco patosa, aunque luego fui superan mis miedos para convertirme en la persona que soy ahora mismo.Fue ahí donde mi pequeña nariz se golpeó y me salió ese huesecillo que ahora marca la personalidad de mi rostro.Fuimos corriendo al hospital, porque tenía una pequeña hemorragia nasal que os preocupo, pero tras una revisión médica volvimos a casa los tres.Qué rápido pasa todo. ¿Verdad? Estamos en 2020 y parece que fue ayer.Eran los tiempos de los bocatas de tortilla en el Cenzual, de las compras en pequeñas tiendas de alimentación o en Simago, que después de varios cambios de nombre sigue siendo el mismo para todos los que vivimos aquella época.El lunes ya abren las piscinas, los gimnasios y la vida va recuperando la normalidad poco a poco. Siempre respetando las medidas de seguridad, por supuesto.Mañana hay otro eclipse. Tampoco se podrá ver claro desde Salamanca, pero lo seguiré a través de alguna red social. Miraré al cielo y pensaré que allí están mis dos ángeles.Y sonreiré, una vez más, Sonreír. Qué hermosa palabra.Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que otra vez ando un poco más tardía de lo normal. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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