La víspera de Cabrera, los cuadros con cigüeñas y los sueños cumplidos y por cumplir


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Hoy no he salido a pasear pronto. Mi cuerpo me pedía descansar un poco. Pero luego me animé y ya emprendí una pequeña ruta por la ciudad.

Encontré una imagen que despertó mi atención. Un enorme dibujo con dos cigüeñas ubicado en la trasera del antiguo Palacio de Llen, en el paseo de La Estación.

Este hermoso animal me identifica plenamente contigo. Ya lo sabes. Por eso cambié mi ruta matinal.

Hace un día fantástico, peque. Sol, calorcito. Se nota que ya quedan cuatro días para que comience oficialmente el verano.

Hace cuatro años me llegaba un mail donde me comunicaban que era la ganadora del concurso para correr de ‘sanferminera’ en los X-Fighters.

No sé los brincos que daría cuando me lo dijeron. Creo que fue una mezcla de felicidad y nervios al mismo tiempo.

Un subidón de estos que te dan energía para varios meses. Fue una de las mayores locuras de mi vida, pero te digo que si pudiera, la volvería a repetir una y mil veces.

Sí. Ya sé. Ahora me das un capón porque pienso que la idea no te acabó de convencer, pero fue un sueño hecho realidad.

Es la víspera del Cristo de Cabrera, patrón de Las Veguillas y si la memoria no me falla, aunque es normal que en ocasiones se nos olviden cosas, sería otro cumpleaños más, porque viniendo de Valladolid, a la altura de Simancas, tuviste un grave accidente, que, por fortuna, quedó en un gran susto y alguna pequeña lesión.

Recuerdo que en el hospital donde te atendieron te dieron un calmante llamado Adolonta. Era tomártelo y quedarte dormido plácidamente durante horas. Ahora me está entrando sueño a mi.

Pero bueno. Se acerca la hora de comer y mis tripas ya rugen pidiendo algo sólido para almorzar.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa ! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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