Recuerdos de una inolvidable y soleada mañana de libros en la Plaza Mayor


feria del libro

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por Salamanca todo tranquilo. Hoy hace un día nublado. Parece mentira que sea mayo, aunque la temperatura no es mala del todo. Me he despertado tarde. Creo que mi cuerpo necesitaba un descanso. He realizado mis tareas domésticas y ahora llega el momento de contarte recuerdos especiales.

Hace justo un año bajaba a la Feria Municipal del Libro. La Diputación de Salamanca editó un marca páginas conmemorativo que anticipaba la presentación de tu libro póstumo, que tuve el honor de prologar y presentar unos meses después en el Casino de Salamanca.

Aquella mañana el sol lucía en nuestra preciosa Plaza Mayor y la gente paseaba por los puestos, tomaba el aperitivo sentada en las terrazas y compraba libros.

Iba nerviosa, pero feliz, porque fueron muchos meses de llamadas y paseos para que ese proyecto viera la luz ese proyecto tan hermoso.

Cuando Elvira, la responsable de publicaciones, me entregó los marca páginas, no pude contener las lágrimas. La emoción invadió mi cuerpo y mi mente. Y lloré, de felicidad, pero lloré.

Hay veces que llorar es bueno, diría que terapeútico. Pero es mejor sonreír, respirar profundo, pensar en cosas positivas, recibir llamadas de los amigos a primera hora. Imaginar en un futuro lleno de felicidad, de sonrisas, de abrazos…

No sé, papá. Es una sensación tan hermosa. Sigo pensando que esta pandemia es una segunda oportunidad que nos está regalando el destino para apreciar las cosas sencillas, las que antes hacíamos como si nada y ahora echamos de menos.

Un buen aperitivo a mediodía, un paseo largo, caminar sin mascarillas… Tantas y tantas cosas cotidianas que ahora parecen inalcanzables. O no. Depende de como te hayas despertado ese día.

Bueno, pituco. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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