La primera rosa del año pone un toque de color y romanticismo a otro día de esperanza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Yo en casa. Tranquila. Ya he desayunado. Nada más despertarme he recibido un mensaje que me ha hecho especial ilusión.

Todavía queda mucha lucha por delante, pero sé que al final todo le va a salir bien. Me gusta la gente valiente, luchadora, que nunca se rinde.

Esta época es perfecta para hacer limpieza de ‘amigos’ y la lista va mermando. Prefiero calidad a cantidad.

Pero bueno. Eso es un poco más de lo mismo. Ayer por la noche cuando salí a la terraza, y para mi sorpresa, vi como había brotado la primera rosa del año.

Siempre eras tú quién me la cortaba y me la traía con una sonrisa enorme. Me la ponías en un vaso y yo te daba un beso enorme por ese detalle tan hermoso.

No veas cómo está cambiando todo, peque. Anoche escuché que el Tour de Francia se disputará a finales de agosto. En el caso de que no se cancele. Y así una cosa tras otra.

Siempre entro en Twitter para ver las noticias, pero cada vez intento leer menos. Distraerme con otras cosas, aunque es inevitable ver algún informativo para ver la complicada situación global, que puede terminar, además de con muchos muertos, con una crisis económica importante.

Ya hace un mes que los negocios están completamente cerrados. Solo supermercados, kioskos, estancos y poco más.

Las calles siguen vacías. Me hubiera gustado leer la novela que hubiera salido de este momento. Por mi cabeza corre la idea de escribir un diario donde ir apuntando mis pensamientos, pero quizás debería de haberlo empezado antes.

Creo que mejor abriré un tarrito donde guardar todos mis buenos propósitos.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Voy a empezar con mis tareas, mi gimnasia y el resto de rutinas de otro día de confinamiento. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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