Lunes primaveral recordando la magia de los lienzos del impresionismo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por Salamanca seguimos con la misma tranquilidad de los últimos días. Pero hoy ha amanecido un día con sol. Y las cosas se ven de otra manera.

El sol te llena de energía positiva, de buenas vibraciones, de ganas de asomarte a la ventana para ver el paisaje desde la terraza.

El confinamiento se lleva mejor así. Sigo con mi rutina diaria. Me levanto temprano, teletrabajo, hago mi rutina de gimnasio y luego ya limpieza de la casa, comida y vuelta a empezar.

Los días se hacen largos. La lluvia hace apariciones fugaces, para luego volver a dejar paso a un cielo azul maravilloso.

Hay mucha gente que me viene a la memoria ahora mismo. Estas jornadas de confinamiento te dejan tiempo para hacer memoria de los que no están por un motivo u otro.

Las calles vacías y limpias me recuerdan al señor barrendero. Jose se llama. Desde que se jubiló no le he vuelto a ver, pero es difícil olvidar su imagen. Siempre con su carro y un amable saludo cuando pasaba a recoger y al volver raudo para coger el bus de las 22 horas en la avenida de Mirat.

Qué tiempos. ¿Verdad, pituco? Ahora ir por la calle es un auténtico privilegio. Se echan de menos los abrazos, los besos o el simple hecho de conversar tranquilamente con una persona sin mascarilla, guantes y demás protecciones que deben de llevarse para no contagiarse de un virus que sigue su incesante recorrido, sin hacer distinciones de ninguna tipo.

En este cofinamiento también hay ocasión para rememorar momentos artísticos. Impresionistas como Renoir, Monet, Toulouse Lautrec y otros tantos genios de la pintura que plasman con su exquisito pincel instantes mágicos que cautivan desde la primera vez que los miras.

Bueno, pituco. Te dejo, que ando más tardía de lo habitual. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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