Barsanufia y los paseos de la cigüeña por el hotel San Polo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por Salamanca todo tranquilo, dentro de lo que significa ahora la palabra tranquilidad. El coronavirus ha cerrado comercios, restaurantes y todo tipo de negocios.

‘Quédate en casa’ es el lema que ‘peta’ las redes sociales, aunque salir a dar un pequeño paseo no viene mal.

La gente lleva mascarillas y guantes, los supermercados tienen estantes vacíos y el transporte público no funciona desde la media noche.

Estamos en cuarentena. Hay miedo entre la población por poder contagiarse de esta pandemia.

Lo que cambia la vida. ¿Verdad? Hace seis años estaba feliz porque habías superado un pequeño ictus. Salíamos todas las mañanas a caminar con nuestra botella de agua y una pequeña bolsa con una manzana y un gel refrescante de piernas.

Aunque no teníamos destino fijo, te solía gustar ir al Huerto de Calisto y Melibea para ver tu Lazarillo de Tormes.

¿Recuerdas aquel día que bajamos a ‘curar’ a Barsanufia? Era una cigüeña de madera que te hizo especialmente para ti Isabel ‘Duende’. Cuando intentábamos buscar aparcamiento, justo a la altura del hotel San Polo, apareció una real que descansaba plácidamente en los jardines del hotel.

Raudo fuiste hacia ella. Sonreías. Estabas pleno de felicidad. En un momento se puso a cruzar por el paso de cebra. La acompañaste como si fuera tuya. Estabas pendiente de los coches por si alguien le atropellaba.

Después le salieron más ‘novios’ y estabas casi celoso de todo el que se le acercaba. Volvió al césped para reposar y en unos minutos alzó el vuelo. No podías despegar tus ojos grises ante tanta belleza.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que en unos minutos va a ser la comparecencia del presidente de Gobierno para ver las medidas que toman para parar esta crisis sanitaria. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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