Reflexiones de una tarde primaveral de febrero con las cigüeñas sobre los tejados


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por aquí todo tranquilo. Es 2 de febrero, festividad de La Candelaria y el tiempo es completamente primaveral.

El termómetro se acerca a los 20 grados. Una primavera anticipada que llena el día de luz.

A pesar de las altas temperaturas, a esta hora de la tarde apenas hay gente por la calle.

Ya están aquí las cigüeñas. Miro los nidos y te siento aquí. Siempre soñaste con reencanarte en este hermoso animal. Y a pesar de que ninguno creemos en segundas vidas, tengo el pálpito de que eres tú, postrado en el campanario, quien me lleva de la mano y me guía por este largo y extraño viaje que es la vida.

Demasiado compleja es esta existencia. Muchas veces me pregunto para qué nacemos. Bueno sí. Para morir. Es lo único que tenemos seguro desde que venimos al mundo.

Estoy muy trascendente. Debe de ser el domingo, que me deja tiempo para pensar en una sobremesa en la que estoy viendo a Luis Merlo, que me hace reír tanto que me da hasta la tos.

Escribo a estas horas para evitar que el sueño me venza y termine durmiendo una siesta que realmente no me apetece dormir.

Llevo algunos días en que mis textos no están muy inspirados… Lo sé. Cuando pongo la tele algunas noches hay noticias que aún sobrecogen mi corazón. Matías Prats aún tenía los ojos vidriosos recordando al periodista Ricardo Ortega, que falleció en Irak después de haber narrado decenas de momentos históricos para la Humanidad, como aquel 11 de septiembre en el que dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas.

Y entonces te das cuenta una vez más de lo efímera que es la existencia. En un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida a mamá! Os quiero ❤️.

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!