Un mes sin mamá, la niña de belleza infinita de intensos ojos negros que te enamoró


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por aquí todo bien. Hoy hace un mes que se marchó mi princesa. ¡No veas cómo la echo de menos!

Tuvo que ser un 23, y también en diciembre, en la víspera de Navidad. El 23 siempre fue un número que me gustó, pero desde que Marco Simoncelli falleció ese día, se ha convertido en una auténtica pesadilla.

No son supersticiones. Simplemente coincidencias que la vida pone en tu destino.

Me encanta recordar sus anécdotas de la niñez y la adolescencia. Siendo muy pequeña, se subió a un carro de lechero. Se cayó y se partió los dientes. Ése fue un accidente que le dejó marcada. Cuantas veces se quejaba de llevar dentadura postiza.

Luego, ya adolescente, y siguiendo las costumbres de las jóvenes de la época, una mañana estaba cosiendo y se clavó una aguja en la rodilla.

Los abuelos la llevaron a un cirujano, que le dejó un costurón tremendo en la pierna que le creó un cierto complejo, a pesar de tenerlas preciosas.

Mamá fue una niña feliz. Le encantaba trastear por su calle de La Moneda e ir a los colegios mayores.

Como era un bombón, rompía corazones por donde pasaba y los jóvenes estudiantes se avisaban cuando pasaba para ver su hermosa rostro y su melena castaña y lisa.

En una ocasión a su madre se le ocurrió hacerle una permanente y creo que aún recuerda los quemones que le hicieron en la cabeza.

Disfrutaba saltando a la comba, correteando de un lado para otro, pero, sin duda, lo que más le gustaba era empujar.

Reía hasta llorar narrando esas anécdotas que quiero compartir con todas las personas que me leen a diario.

Ayer jugó el Real Madrid en las pistas del Helmántico. Eché un vistazo por la televisión y te contaré que perdieron 3-1.

Bueno, pituco. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!