Una de pulpo con cachelos y otras muchas exquisiteces culinarias para tu paladar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. De tertulia con mamá. Hoy tampoco toca gimnasio. Estoy cansada y algo nerviosa por todo lo que me espera estos días.

Lo único bueno es pensar que las cosas improvisadas suelen salir mejor que las que preparas con tiempo. Y esto ha sido dicho y hecho. Necesitaba un cambio de aires, despejar mi mente, desconectar de la rutina y no lo puedes haber planeado mejor. Ahora sonrío. Tengo que dejar el listón alto, aunque eso no lo dudes.

No tengas celos, cariño. Fuiste, eres y serás mi chico favorito. Me hechizan más tus ojos grises que ningunos en este planeta. Siento que hay mucha gente que se alegra de que las cosas empiecen a funcionar y que siga caminando con paso firme por el mundo.

Pero hoy es un día extraño. Hace un viento gélido, la casa está en silencio. Apenas hacemos ruido. Tenemos una conversación pausada, tranquila, serena… En ella ha salido a reducir el pulpo que te preparaba mamá.

Te volvía loco. Decías que era mantequilla. Cada vez que te lo preparaba, ponía un plato de madera, cocía unas patatas y luego lo aderezaba con sal gorda y pimentón. Cogías tu mantel de rayas verdes y blancas, lo doblabas cuidadosamente, lo colocabas en la mesa del salón y preparabas tu tenedor y tu cuchillo para degustar tan delicioso manjar.

Daba gusto verte comer con tanto apetito. Eras un pequeño gran gourmet, que sabía disfrutar de los placeres gastronómicos. Una buena botella de vino, una cerveza especial y tus latas de berberechos XXL, mejillones, zamburiñas… Ni te privaste de nada (e hiciste bien, porque es lo que te llevaste por delante).

Bueno, peque. Te dejo por hoy. Ya sabes que te echo mucho de menos y que algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Deséame suerte. Necesito más que nunca tu mano guiándome. Cuídate, pituco. Cuídame, mi vida, que aunque soy muy valiente, necesito tu sabia guía. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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