Tu infancia son recuerdos, hermosos recuerdos, de un patio de la calle Alarcón


papádecomunión

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo algo emocionada, pero es normal. En mi afán porque la presentación de ‘La Campana del Carnaval’ sea un acto hermoso, que quede en la mente de todos los asistentes, estoy buscando imágenes para recordar tu persona en un montaje fotográfico al que yo pondré música.

Una vez más volví a tu calle, a tu casa… Estuve con tu hermana, Delia, que a veces tampoco puede contener las lágrimas cuando recuerda lo rápido que te fuiste, y me prestó algunas fotos que son simplemente maravillosas.

Fíjate que tú y yo nos conocíamos bien, pero nunca habíamos hablado del día que hiciste la Primera Comunión, ni de lo guapísimo que ibas vestido con el uniforme de la Cruz de Santiago. Hablar, lo que es hablar, creo que sí, pero jamás vi esa instantánea hasta esta mañana.

La abuela te había vestido como un hombrecito ya. Tenías el pelo claro y los ojos grises brillaban con la ilusión de casi todos los niños que reciben ese sacramento, aunque tras tu paso por el seminario decidieras no creer en ningún ser superior.

No sé cuántas cosas se vinieron a la memoria en este momento. Muchas. Y todas maravillosas. Me hubiera gustado ser niña en la misma época que tú, conocer tus pensamientos, vivir cada una de tus trastadas y ver como aquel chaval travieso, dulce, pienso que algo tímido y con muchas inquietudes intelectuales, se convertía en el hombre maduro, maravilloso, luchador, valiente (sí, valiente. Es una palabra que ha cobrado excesivo protagonismo en mi vida en estos últimos días. Quizá porque el que pensé que era mi héroe no es más que un cobarde, que perdió la capa y quizás buena parte de su dignidad en brazos de una mujer que no me llega ni a la altura del talón).

Pero insisto. El tiempo pone todo en su sitio. Y el nuestro se acaba. Es un producto con fecha de caducidad, que habrá que desechar una vez que empiece a desprender olores nocivos para mi fino olfato.

La verdad es que hacía tiempo que no me sentía tan bien hablando de desamores. Es cierto que cuando menos piensas, como ahora mismo, sale el sol. Y aparece un arco iris gigante que te marca el camino por el que has de caminar en busca de la felicidad, de la gloria, de todo lo bueno que sé que está por llegar y que tú disfrutarás a mi vera, pituco.

A mi vera siempre. Y aunque sea muy repetitiva, a mi vera hasta que el destino nos vuelva a juntar para no separarnos jamás en la séptima farola de la eternidad. Tengo tantas cosas que contarte, mi vida.

Te dejo, amorcito. Acuérdate de coger la gorra, los guantes y el paraguas si vas a salir a dar un paseo. ¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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