Batiburrillo de emociones y reflexiones en el día de San Martín de Porres


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Ya ves que por aquí todo sigue tranquilo. Es una de esas tardes de mantita, infusión y una buena película o un libro. Pero la verdad es que me gusta más pasear. Salir un rato ahora cuando empiece a caer la tarde y despejar la mente. Igual me acerco a la Feria del Libro Antiguo para ver las curiosas ediciones literarias de antaño. Sabes que me encanta continuar tus siempre sabias costumbres.

Por fin terminó la gira asiática y las noches de insomnio, si bien es cierto que este año me la he tomado con más tranquilidad y he dormido a pierna suelta en función de la necesidad de mi cuerpo y de mi mente.

Según escribo, he cogido un par de onzas de chocolate negro. Es uno de los grandes placeres a media tarde. Lo mordisqueo lentamente, paladeando cada trocito, como si de un gran manjar se tratara.

Hoy es San Martín de Porres, patrón de los barrenderos. Fiesta para esas personas que se ocupan de dejar las calles impolutas y aguantan días de calor insoportable o de frío intenso.

Y algunos siempre con su mejor sonrisa en la cara. Creo que ya he hablado de uno de ellos, concretamente del que se ocupa de la zona centro. Desde la Plaza Mayor a la Puerta de Zamora.

Sí, papá, tu amigo Jose. El que cada noche a las 21.45 clavadas pasa con su mocho camino del lugar donde raudo cambia su uniforme por ropa de calle. A las diez en punto, en función de los horarios del autobús urbano, pasa caminando o corriendo para no perder el transporte que le lleva a su casa, a disfrutar de sus merecidas horas de descanso tras jornadas agotadoras.

Sigo coincidiendo con él casi todos los días laborales. Siempre me obsequia con una enorme sonrisa y se preocupa por saber si mamá y yo estamos bien de salud.

Es un hombre más bien introvertido, pero amable y muy educado. Igualmente, unos minutos antes, en el portal donde tú y yo lo veíamos cada día, el ‘esperante’, como tú le bautizaste, sigue esperando a su ‘amada’. Lejos de sentir lastima por los minutos, en algunas ocasiones demasiados, que pasa en la calle, en lugar de acortar el tiempo, se recrea aún más en la suerte y deja que el reloj corra hasta que finalmente ‘aterriza’ con ese rostro antiguo, pasado de moda, el pelo grasiento y sus zapatos especiales para pies torcidos. Eso sin olvidar a ese perro orondo, al que cuidan cual hijo, y que, de vez en cuando, recibe una cariñosa patada en su gordo trasero por parte de su ‘dueño’ político.

Como verás no han cambiado demasiado las cosas. Lo único que corre sin parar es el tiempo. Ya pasaron los Santos y ahora todo el mundo empieza a preparar ya las navidades.

Hasta el año pasado eran mis fiestas favoritas, pero ahora no tienen ya ningún sentido.

Bueno, pituco. Te dejo, que cuando me empiezo a poner tontorrona no me gusto ni a mí misma. Y fíjate que de un tiempo para acá me he convertido en mi persona favorita 😂.

Cuídate mucho, mi amor. Te echo mucho de menos. ¡Te quiero, papá! ❤️

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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