Las castañas recién asadas y las patatas calentitas del puesto junto al mercado


castañeras

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Caen gotas de agua sobre la ciudad. No muchas, pero las suficientes para poner ese tono grisáceo al cielo que a ti te encadilaba y a mí me mina la moral. Me reitero en exceso, pero el otoño es muy malo para las personas que revivimos bajo la luz solar.

Desde hace un par de días las calles de Salamanca tienen ya una decoración especial. Las castañeras ya han puesto sus pequeños casetos de madera donde venden este rico fruto recién asado. Ocho unidades por un euro.

Aún no, porque la temperatura se mantiene alta, pero cuando llegaba el frío siempre acudíamos al cobijo de las brasas para entrar en calor.

En otros tiempos, hace ya unos cuantos años (¡qué rápido pasa la vida!) ponían una máquina, con forma de tren, en los soportales del mercado, donde además te vendian patatas, también recién asadas, que era uno de tus manjares favoritos.

Ya en los últimos años, como por desgracia esos entrañables oficios fueron desapareciendo, te las preparaba en casa. Un chorrito de aceite de oliva, un corte en la mitad del tubérculo, envoltura en papel de plata y a esperar a que cogieran la textura perfecta.

Luego cogías el salero y, como siempre apuntabas, ¡manjar de dioses! La verdad es que era un placer cocinar para ti. Todo loo que preparaba te encantaba. Menos el gazpacho. ¡Qué bruta fui para no cogerle jamás el punto! Y fíjate que los intenté veces, pero hay recetas que se te cruzan y no hay manera.

Si hubiera persistido, a buen seguro que me hubieras dedicado otro cartel como hiciste con el de los hornazos. Ahora soy una auténtica perezosa de los fogones. Sólo cojo la sarten para preparar algún sándwich mixto o una tostada para desayunar. Las cazuelas apenas se usan, ni el horno. Nada.

Sigo hablándote de literatura. Hace 109 años que nacía Miguel Hernández, autor de tantas joyas en forma de poemas, libros…

No sé qué más contarte, peque. Tengo algo contracturada la parte superior de la espalda y la verdad es que es algo realmente molesto. Asi que, si no te importa, te dejo por ahora. Cuídate mucho, mi vida. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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