El duende de la suerte, el ‘calvo’ de la Lotería y otras historias prenavideñas


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¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Por aquí todo tranquilo. Ya sabes cómo son mis días últimamente. Un continuo no parar que me deja exhausta cuando llego a la cama a dormir. Con lo que nos costaba a ti y a mí conciliar el sueño y la de noches que nos cruzábamos por el pasillo a las tantas de la madrugada para intercambiar sonrisas, besos o una cariñosa palabra.

En uno de mis paseos matinales, por no llamarlos de otra manera, porque ir a cien por hora no es pasear, sino otra cosas diferente, pasé por una administración de lotería y me encontré con el simpático duende que rápidamente ‘arretraté’ para enseñártelo.

Y entonces por mi cabeza fluyeron de nuevo muchos recuerdos. Como el ‘calvo’ de la Lotería, que cada año anunciaba la llegada de esas entrañables fiestas que siempre celebré por todo lo alto hasta que te fuiste, justo nueve días antes de Nochebuena.

La melodía que ponía música al anuncio te fascinaba, pero entonces no existía Shazam para localizarla. Una tarde, echando una ojeada a una revista de variedades, en una sección de preguntas populares, una chica se hacía la misma pregunta que tú. Desde allí le respondieron que era la banda sonora de Doctor Zhivago.

En cuanto supe la respuesta, bajé corriendo a ‘Long Play’, la tienda de la Rúa donde vendían discos y entradas para los conciertos que se celebraban en Salamanca. Sólo le quedaban dos unidades. Compré una y la traje a casa.

Al llegar quería darte la sorpresa. Tapé tus ojos y nos dirigimos hacia la habitación donde estaba la cadena de música. No podías disimular tus nervios. Además, no era el primer tema, sino que había que pasar 12 para llegar a la pieza que más te gustaba-

Cuando sus notas comenzaron a sonar, en tu cara se dibujó una sonrisa gigante. No dabas crédito a lo que tenías delante. Luego la escuchamos una y mil veces más, y la convertiste en una de tus imprescindibles para llevar en el coche, donde continúa aún.

Cómo disfrutaba preparando la cena, el árbol y los regalitos navideños. Una fiesta que para mí terminó aquel 15 de diciembre, cuando te marchaste.

Pero no nos pongamos tristes. Hay que quedarse con todo lo bueno que vivimos los seis alrededor de esta mesa desde la que ahora te escribo y brindar por los mejores tiempos que están aún por venir.

Bueno, pituco. Cuídate mucho. Disfruta de las pocas horas de luz que quedan de este 29 de octubre. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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