Ocho años sin Marco Simoncelli en un día triste, gris y melancólico


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Aquí hace un frío del carajo, aunque el grajo no vuele bajo (creo que era una de tus frases favoritas). Llueve con ganas y los paraguas coloridos ponen un poco de luz a este día gris, más propio del invierno que del otoño. Ya sabes que esta época del año no me gusta nada. Al contrario.

Seguramente que ahora le estarías pidiendo a mamá un plato de cuchara, de esos que te rechupeteabas los dedos. Sopas de ajo, alubias pintas con arroz, cocido, puré, potaje… Todo te sabía a gloria.

Eras un poco ‘tiquismiquis’ para la cocina, pero bueno. Al final yo salí un poco a ti. Madre mía las que preparábamos con el dichoso pollo 😂. Sólo con verlo ya dejábamos el plato sin terminar. Es lo malo de comer con la cabeza.

Pero hoy, además de todas las gracietas y anécdotas para reírnos un rato, sabes sobradamente que es una fecha triste para mí.

Hace 8 años, en un fatal accidente en el circuito de Malasia, perdía la vida mi admirado Marco Simoncelli. Aunque nunca llegaste a comprenderlo, en aquella época, difícil para quien firma estas líneas porque ya llevaba dos años sin trabajo, fue un palo muy gordo ver morir en directo a un corredor que despertaba muchas emociones en mí. Y más con 24 años y de esa manera tan rápida e inesperada.

Claro está que nunca esperamos morir, aunque al nacer ya sabemos que lo único que tenenos asegurado en esta vida es eso: la muerte.

Marco murió como un valiente. Como tú, mi vida. Nunca me gustó verle esa mañana antes de la carrera con una toalla amarilla cubriendo su espectacular melena.

Sé que las supersticiones son absurdas, pero al final cuando no te gusta una cosa y encima sucede algo así, todavía le coges más manía.

Cosas de la edad. Quién me iba a decir que siete años después ibas a ser tú quien faltara… Qué cruel es el destino. Se llevó a dos de las personas que más quería.

Lo único bueno es que a ambos, tú con prioridad absoluta, os llevo en mi corazón y os siento en cada segundo de mi existencia.

Bueno, pituco, cuídate mucho. Te dejo. Tápate bien, coge el paraguas y disfruta de uno de los sonidos más envolventes, el del agua golpeando los cristales. ¡Te quiero, papá! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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