El zoo de Sydney y nuestro cariño infinito por los tiernos koalas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Supongo que congelado, como el resto. Cuatro grados marcan los termómetros. Se congelan hasta las ideas. Las buenas y las malas 😂.

Fíjate qué rápido se está pasando octubre. Este fin de semana cambian la hora y anochecerá aún más temprano. Me deprime bastante la oscuridad. Prefiero el sol, la luz, el cielo azul…

No sé, peque. Ahora se avecina una época complicada, psicológicamente hablando. Estoy fuerte, pero ya sabes que esta época minó mi moral, salvo cuando nieva, que es como dosis extra de energía positiva.

Hace un año estaba en Australia, con mis chicos locos. Pero no sólo ellos fueron motivo de alegría.

Los que sacaron de mí la mejor sonrisa fueron los koalas. Esos simpáticos animales, de aspecto achuchable, mirada dulce y ganas de guardar uno en la mochila.

Estaban en el zoo de Taronga y dormían todo el día. Sólo cuando el hambre apretaba, bajaban por las ramas para coger una rama de bambú.

Tenían cientos de visitantes esperando para hacerse una foto. Cuando los vi, sonreí. Pensé en ti y en lo feliz que hubieras sido compartiendo ese momento juntos.

Después te traje uno de peluche. Lo bautizamos como Benito, en homenaje a don Benito Pérez Galdós. Te hizo una fugaz visita al hospital, junto a Ramón y Antonio, un canguro y un pingüino, pero no quisiste que se quedaran allí, porque preferías que te esperaran en casa.

Y aquí están los tres. Su rostro denota cierto aire nostálgico. Echan de menos su tierra y al que iba a ser su dueño. ¡Ay, mi vida! La de huérfanos que has dejado con tu ausencia.

Te echamos tanto de menos. Tu lugar no es reemplazable. No existe ningún hombre en el mundo que iguale tu bondad, sabiduría y tus ojos grises. Esos que me enamoraron desde que nos cruzamos aquel 10 de abril de 1973.

Cuarenta y cinco años pudimos compartir mil y una historia. Yo pensé que serían muchos más, pero el destino me arrebató de mis brazos a mi ángel de la guarda. Y al marcharte tú, llegó la soledad. La palabra más aterradora si no es porque la eliges tú.

Bueno, pituco, te dejo, que me estoy poniendo melancólica y tierna. Y últimamente me va más el rollo macarra, entre comillas, claro está.

Cuídate mucho, mi vida. Abrígate bien y tómate un Cola Cao caliente con unos bizcochos, como hacías siempre. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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