Reflexiones otoñales con olor y color a fiestas navideñas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo un poco cansada. Las carreras desde Japón son de madrugada y terminan a las 9 de la mañana. Así que puedes imaginar mi careto 😂.

Para colmo se ha caído Valentino Rossi. Otro cero más en el casillero en un año nefasto para mi piloto favorito 😔. ¡Qué rabia me da!

Pero vamos a dejar las motos, que ya se que te aburren demasiado. Haciendo un viaje más en el tiempo, y debido a las bajas temperaturas que bruscamente han descendido en apenas cuatro días, se me vino a la cabeza una noche de invierno.

Era muy cerca de Navidad. No sé por qué, en lugar de irte a la cama, te obsesionaste con mirar la temperatura en el reloj de la Caja Rural y te levantaste en varias ocasiones, a pesar de las advertencias que te hacía cada minuto de que a oscuras, y caminando entre alfombras, te podía pasar algo.

Cuando yo ya dormía como un bebé, un brusco golpe me despertó. Corrí rauda hacia tu despacho, donde tenía localizado el estruendo.

Allí estabas. Sí. En el suelo. Tirado encima del árbol de Navidad, que se había volcado con tu peso.

Por fortuna el desastre no fue mucho. Algún pequeño golpe en el cuerpo y tres o cuatro bolas rotas.

Lo único que miraba es que no te hubieras cortado con ninguna de ellas. Te levanté, hicimos un chequeo casero y volviste a tu cama a descansar plácidamente.

Al día siguiente, y viendo que todo había sido un susto, nos reíamos sin parar. Ya tenías otra anécdota que contar a tus amigos.

Madre mía las que liabas, peque. Por fortuna ibas saliendo bien de todas. Eras un hombre afortunado. Quizás por tu bondad la suerte te acompañó hasta que te pusieron aquella maldita escayola.

Todas las tiendas, a pesar de que faltan más de dos meses, tienen en sus estantes adornos navideños. Los miro con añoranza, pero con esa ilusión que me hacía siempre esta época del año, donde disfrutaba cual enana organizando regalos, decoración y menús para hacer unas fiestas únicas.

Este año serán las segundas sin ti. Y ni tan siquiera sé cómo va a reaccionar mi mente. Seguramente que bien, porque ya he pasado muchas cosas sin tu presencia y las he afrontado con la entereza de la mujer renovada, valiente y ambiciosa en la que me he convertido.

En la que ya no aguanto a nadie que no me caiga, en la que voy haciendo un proceso selectivo en el que únicamente se queda la gente que suma. Ni los cobardes ni los lloricas.

He pasado de víctima a sobreviviente, como dice mi querida Luciana, mi psicóloga. Yo creo que suena mejor superviviente. Y ahora estoy en fase activista, reivindicativa, luchando por todo lo que creo que es justo.

¡Madre mía! Menuda parrafada me he marcado. Parece que estuviera en campaña electoral. Bueno, pituco. Cuídate mucho. Y aunque sea pesada, abrígate. ¡Te quiero, papá! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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