El miedo a la muerte y un Día de la Hispanidad agotador


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Día 12 de octubre. Fiesta de la Hispanidad y de todas las pilares. Así que se me ocurran, sin pensar mucho, porque me saldrían bastantes más, tenemos que felicitar a Pilar Martín Hernández, Pilar Carnero, tu prima, y Pilar Sánchez Majeroni.

Seguro que a ti se te ocurren muchas más. Esta mañana ha tocado limpieza de mi apartamento turístico. En un rato llegarán los huéspedes y no será hasta la tarde cuando pueda dar un paseo relajada.

Anoche llegué a casa temprano. Me invitaron al desfile de www.koseri.es y allí estuve viendo la preciosa colección que han preparado para el ya inminente otoño. El vestido rojo sigue llamando la atención. La verdad es que es maravilloso. Y allí mismo me dijeron que con una ‘chupa’ de cuero y unos botines puedo utilizarlo con más frecuencia.

Se ha levantado mucho viento. Las nubes ceden protagonismo al sol y tampoco me extrañaría que en un rato no muy largo lloviera.

He venido paseando por el centro, de camino a casa. Aquí sólo se escucha el silencio. ¡Y fíjate que es difícil lo que te estoy diciendo! Escuchando el silencio. Bonito título para un relato corto o un libro, que desde ahora mismo me adjudico por si luego algún listo intenta arrebatármelo.

Hoy ha sido el desfile de las Fuerzas Armadas. Pocas novedades con respecto a otros años. Los Reyes presidiendo el acto, los abucheos de rigor a determinados políticos y otro pastizal en modelos.

Como anécdota, graciosa porque no ha pasado nada, lógicamente, un paracaidista se ha quedado colgado de un árbol. Si estuvieras aquí ya habríamos visto la imagen unas 200 veces. Con una sonrisa en los labios.

¿Sabes? Tengo sueño. Las piernas están muy cargadas del trajín matinal y no descarto dar una cabezada muy en breve, a pesar de que no le benefician a mi salud mental.

No es que esté loca. Solo que me despierto como malhumorada. Soy una persona extraña 😂.

Tú al contrario. A las 3 te metías en la ‘piltra’, como llamabas a tu cama, y había días que te levantabas para merendar y salir de paseo.

Echo de menos esas noches de jarana, de risas, de conversaciones disparatadas…

La mayoría de los días, cuando iba a darte tu beso de buenas noches, me gustaba coger tu mano y apretarla fuerte. Me solía quedar allí un buen rato. Creo que es la primera vez que lo cuento en público. Te miraba tus ojos grises, te acariciaba la cara y me recostaba en tu regazo.

En mi interior me preguntaba si te daría miedo la muerte. Y entonces todavía cogía tu mano con más fuerza para que nadie me arrebatara lo que más quería en esta vida.

Por desgracia una panda de malnacidos con bata blanca y un cúmulo de negligencias se llevaron un trozo de mi corazón. Pero sentirte tan cerca, aunque no sea de manera física, ha empezado a llenar parte de ese vacío. Hoy soy feliz, a pesar de los pesares. Y sé que allá donde estés, tu también.

Vaya sermón filosófico para ser un día de fiesta. ¿Verdad, pituco? Te dejo ya, mi vida, que seguro que se enfría la comida. Cuídate mucho, mi amor. ¡Te quiero, papá! ❤️

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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