El trascendente pensamiento otoñal y las divertidas hazañas del gato Isidoro


isidoro
Pic http://www.dogalize.com

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Estoy sentada en tu silla de la terraza y recordando momentos. La verdad es que todos buenos.  Contigo era muy sencillo convivir, aunque tuvieras tus rarezas y tus cambios de carácter, algo muy humano, por otra parte.

Hay una época en la vida en que intentas cerrar página y simplemente mirar hacia adelante, con miedo, porque es inevitable, pero con la esperanza de que vendrán tiempos buenos, no exentos de otros duros.

No cabe duda que el otoño es una estación para reflexionar. Los atardeceres tempraneros invitan a pensar largo y tendido sobre nuestra existencia, sobre el fugaz paso por este mundo que es la vida.

Una vida que, de saber que es tan efímera, deberíamos disfrutar a tope, en lugar de buscar problemas y complicaciones que no conducen a nada, pero los seres humanos somos así. Nos gusta complicarnos y, lo que es peor, complicar al resto con problemas que ni tan siquiera son tal.

A veces nos metemos en discusiones absurdas que lo único que generan en nosotros es un odio infinito. Eso no quita, evidentemente, que haya personas ‘malnacidas’, que van por la vida asesinando, violando o realizando cualquier otro tipo de atrocidades.

Me estoy poniendo muy trascendental y no me gusta. Prefiero contar anécdotas divertidas y hacer estos textos amenos, fáciles de leer, que cuando los termines tengas una sonrisa en la boca.

Rebuscando en el extenso álbum de mi memoria, me vino a la mente una de las series que domingo tras domingo veíamos juntos hasta terminar llorando de la risa: ‘El gato Isidoro’. Esa simpática mascota de color anaranjado, con rayas negras, que quería hacer un mundo mejor y que no dudaba en enfrentarse a otros para conseguirlo. No sé si aún recuerdas ese día en que se cruzó con un perro de enormes dimensiones y le porfió: “Hoy no te pego, porque llevo prisa, aunque pensándolo bien”. Y así se enfrascó en una pelea de la que salió airoso, magullado, pero airoso. Y como ésta, podría contar otras mil historias, que seguiré narrando en este blog, que nació con el claro objetivo de mantener vida tu memoria y parece que lo estamos consiguiendo.

Nada más, mi vida. Te dejo, que hoy estoy especialmente emocionado porque vuelvo a mis clases de Pilates y zumba. Casi seguro que mañana tenga agujetas hasta en las orejas, pero habrán merecido la pena. Cuídate mucho, pituco. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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