La Navidad ha venido y nadie sabe como ha sido (el tiempo está loco)


¡Hola, papá ! ¿Cómo estás? Hoy también hace un día estival. La gente pasea con un suéter ligero o simplemente en manga corta. El veranillo de San Miguel se va a estirar unas cuantas semanas más, aunque es innegable que el agua comienza a hacer falta. Hay demasiada congestión en el ambiente y los campos están secos, sedientos, amarillos.

Guardan un parece similar a aquellos que describía al dedillo San Antonio Machado en sus ‘Campos de Castilla’. Al final eráis todos sabios.

Paradojas de la vida, cuando los termómetros marcan temperaturas que a mediodía superan los 30 grados, en los estantes del supermercado ya hay invasión masiva de productos navideños.

Cuando yo era niña, los colocaban a finales de noviembre, incluso más tarde, pero el sábado, haciendo algo de compra con mamá, encontramos incluso roscón de Reyes. Y quedan justo tres meses para que sus Majestades pasen por las casas llenando de regalos e ilusiones las tiernas manos de los más pequeños.

¡Qué bonita inocencia! Siempre digo que hay una edad en la que de forma voluntaria se debería parar el tiempo para no perder la ilusión de aquella noche. Qué nervios pasábamos esperando a que llegaran. Era un auténtico dilema elegir si le poníamos un vaso de leche o una copichuela de coñac para calentar el cuerpo en aquel gélido y largo recorrido de hogar en hogar. La Cabalgata, el bullicio, la ilusión que poco a poco se va perdiendo, a pesar de que yo la mantuve intacta hasta el año pasado.

Aún conservo los regalos que te había comprado para cuando despertases el 6 de enero. Pero el destino quiso separarnos antes, pituco. Maldito destino.

Sólo un año antes sacaste de tus zapatos un papel donde ponía que Melchor, Gaspar y Baltasar te invitaban a 4 días de ensueño en San Sebastián.

De inmediato te pusiste a llamar a todos tus amigos para decirles lo bueno que habías sido para que te obsequiaran con volver al lugar donde tantos momentos inolvidables viviste al lado del mar, contemplando con tus ojos grises la bahía de la Concha, como la imagen que escogí para abrir este blog.

Me estoy poniendo nostálgica y no quiero. Aunque es cierto que cada día estas historias no tienen que ser un derroche de optimismo. Hay tiempo para la risa y también para los recuerdos más bucólicos.

Bueno, mi vida. Te dejo ya. Quizás te apetezca sentarte en un banco a la sombra y broten en tu privilegiada mente nuevas historias que escribir. De la mía surgen a diario. Cuídate mucho, mi amor. ¡Te quiero papá! ❤️

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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