Domingos de churros matinales y festividad de San Miguel con su veranillo


churros

Hola, papá. Cómo estás. Yo continúo salivando después de mi visita matinal y tempranera a la churrería Charmorro. Me desperté pronto y mi estómago estaba hambriento.

Muchos domingos subía una buena bolsa de este delicioso (grasiento, pero delicioso) manjar, típico de la gastronomía española y que desde hace años ya triunfa en otros lugares del mundo como Estados Unidos o Australia, que hacen su propia versión de la receta y, lógicamente, multiplican por 10 su precio.

Pasear por Salamanca a esas horas es una auténtica gozada. Las calles de la ciudad están vacías. Nadie perturba tu tranquilidad. Simplemente tienes que cerrar los ojos y respirar profundo para alcanzar una paz interior difícil de conseguir a cualquier otra hora del día.

El olor a churros se percibe desde que sales de casa. La distancia es relativamente corta. Cuantas madrugadas estivales te hicimos bajar hasta allí para traernos un par de docenas.

Hacíamos de cada noche una fiesta. Aunque nunca vino el niño, quisiste que tus niñas tuvieran una infancia única. Y lo conseguiste.

Nunca habrá palabras para agradecerte lo suficiente el esfuerzo en crear un proyecto de vida que fuera eterno. Nunca, pituco.

Me dicen que puedo sentirme afortunada por tener un padre como tú. Y así es. La palabra orgullo se queda pequeña en mi boca cuando hablo del hombre, del escritor, del progenitor que si sacábamos malas notas, lógicamente, nos reprendía. Que se tiraba al suelo a jugar a las chapas, que se reía hasta llorar viendo las películas de ‘Jaimito’ o se embelesaba contemplando el rostro de Ingrid Bergman en ‘Casablanca’, mientras de fondo sonaba ‘As time goes by’. Música celestial para los oídos.

No sé, peque, un halo de nostalgia invade mi cuerpo y mi mente ahora mismo. Creo que también el ruido de las ambulancias también me remueven recuerdos duros de no hace tanto tiempo. Son 9 meses y medio sin ti. Qué efímera es la vida.Como para perderla con quien no merece la pena.

Termino con una canción. Muy propia para este día de domingo con 30 grados a la sombra. La interpretaba como sólo ella sabía la inigualable Celia Cruz y versaba así: “Ay. No hay que llorar, que la vida es un Carnaval. Que más bello vivir cantando! Cantemos, mi vida. Y felicita a don Miguel, de Unamuno, que celebra por partida doble: santo y cumpleaños. Nada más, mi amor. Te dejo que descanses un rato. Luego sal a dar un paseo y tomaros una copichuela a vuestra salud. Cuídate mucho. ¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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