La vuelta a la normalidad septembrina y la víspera de las Ferias y Fiestas de la ciudad


piscinas

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? La ciudad va recobrando la normalidad del día a día. Pronto empiezan los colegios, las temperaturas han bajado y la gente se reincorpora al trabajo, a la rutina, despidiéndose ya de las vacaciones, del asueto estival, reconfortante, relajador…

Este verano ha sido distinto, lógicamente, a seis días de que cierren las piscinas municipales, aún no las he pisado. Y ya para lo que queda, no sé si me animaré. Lo cierto es que como Facebook es un gran álbum de recuerdos para mí, hoy me trae a la memoria una imagen entrañable.

Fue hace dos años, cuando en Tejares estrenaron las hamacas en las que tantas veces ‘tumbamos la burra’, sin graves consecuencias. Era un día nublado, tristón, de esos que te ponen nostálgico.

Si vieras la ciudad, ya está lista para las Ferias y Fiestas de Salamanca. Las casetas de pinchos ya estan instaladas, en la Plaza Mayor hay un cartel donde se remarcan las normas de seguridad para los multitudinarios conciertos.

Aquí, a pocos metros de casa, está ubicada la de ‘Las cuatro hermanas’. ¡Lo que te podía gustar comerte un plato de su exquisita chanfaina a mediodía! Cuantas veces bajábamos caminando o hacíamos un alto con el coche para degustar algunos de los más deliciosos manjares de la gastronomía española.

Te tomabas una cerveza que se llamaba ‘Malasombra’, y se fabricaba en una nave enfrente del recinto de baño de Tejares. No era excesivamente barata, pero daba gusto ver cómo la bebías a pequeños sorbos.

Ahora mismo el viento sopla con fuerza. Hay una corriente que despeja la casa del sofocante calor, Espero que también despeje mi mente, un tanto confusa. De fondo musical tengo una taladradora y la voz fuerte y tajante de Anastasia, la señora que atiende a Paz y Perfecto, a los que tiene que hablar en un tono elevado de voz, porque a sus casi 100 años, no quieren comer, gritan, lloran y se deseperan,

Pero ahí están. Dando guerra. ¡Ay, mi vida! Necesito más que nunca tu abrazo, tus consejos, tus dulces besos… tus ojos grises. Aunque no sea físicamente, de alguna manera los siento. Te dejo, mi vida, que es hora de comer. Cuídate mucho. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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