La familia Carnero García da la bienvenida a su nuevo ‘hijo’ literario


¡Hola, papá! No hace falta que me digas cómo estás. Pletórico. El día 27 de agosto de 2019, festividad de Santa Mónica, vio la luz tu último ‘hijo’, de momento, porque espero y deseo que crees una familia literaria numerosa.

Hay veces que me dicen que soy un poco ‘bruja’ y comienzo a creerlo. Con todo el trastorno del verano, que la gente se va de vacaciones, hay menos movimiento, no había vuelto a la Diputación. Esta mañana, ya tan cercana a septiembre, me puse en contacto con Elvira, la responsable de publicaciones.

En principio iba a tomar un café y a coger algunos marca páginas más. Pero nos esperaba una gran sorpresa. La que ha hecho que cada minuto invertido, y han sido unos cuantos, merezca la pena.

Cuando llegué tenía una bolsa. Y dentro dos ejemplares de ‘La Campana del Carnaval’, recién salidos de la imprenta.

Un libro que tiene aún más magia si a tu privilegiada pluma le unes los no menos privilegiados pinceles de Jerónimo Prieto que, como ya te dije otra vez, sabe dibujar tus sueños como nadie.

En el transcurso de nuestra conversación, surgió una curiosa cuestión que nunca me había planteado. Decía que cuando una persona está a punto de morir, hay alguien (pariente, amigo de la infancia… no sé muy bien qué) que baja a buscarte y te lleva con él de la mano al cielo o como quiera que se llame ese lugar donde va la gente tan buena como tú.

Un brindis por ti, mi amor. Por ese nuevo miembro de la familia Carnero García que hoy ha nacido. Casi casi después de nueve meses. Igual que una gestación. El parto ha sido duro y bastante doloroso, pero como cuando a una madre le ponen el bebé en su regazo, ha sido inevitable que se me saltaran unas pocas lágrimas.

Qué orgullosas estamos de ti. Las cinco. Te echamos de menos, pero te sentimos muy cerca. Ríe, mi vida, ríe. Gracias por existir. ¡Te quiero, papá! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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