El final del verano llegó en un día de motos al borde del ataque de nervios


terraza

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo exhausta. Hoy había carreras de motos y, seguramente, si hubieras visto el grado de aceleración cuando ganó Alex Rins me hubieras dado unas cuantas voces.

Sabes que soy así de loca, impulsiva, divertida… Única. No sé si es una suerte o una desgracia, pero soy así.

Y es cierto que empecé a verla tranquilamente. Hubo una caída fuerte y ahí comenzó mi aceleración. De 0 a 100 en quince segundos. Al final, después del subidón, llegó la bajada. Y con ella una llorera incesante. Necesitaba descargar la tensión que había acumulado en mi cuerpo durante casi tres cuartos de hora.

Suena en mi ordenador ‘Lo que más he querido’. Y me siento extraña. Quizás porque eres tú ese hombre, mi primer amor. Y el último. El que nunca terminará.

Quien ya se acerca a su fin es el verano. Igual exagero un poco. Sé sobradamente que la lluvia te pone nostálgica.

Cae agua con fuerza. Truena. Las calles están vacías, pues seguro que mucha gente se fue a la piscina a pasar la jornada dominical. Ya sabes que a la primera gota de agua que cae, desalojan el recinto de baño y nadie se puede quedar cerca de los árboles por si cae un rayo.

Este tiempo me lleva una vez más a mi niñez, a ‘Verano azul’, a ‘Chanquete’, Julia, Tito, Desi y Bea. A esa canción del Dúo Dinámico que versa: ‘El final del verano llegó y tú partirás’. Partiste en invierno para viajar a un lugar desconocido. Espero que sea un pequeño paraíso, un remanso de paz, de atardeceres mágicos, de noches estrelladas, de amaneceres frescos y luz, mucha luz, con una gran terraza donde sentarte a leer con don Ramón María del Valle Inclán.

Tomaros una copichuela a la salud de los que aquí os echamos tanto de menos. Disfruta del domingo y cuídate mucho. ¡Te quiero, papá!

 

 

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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