‘Rompetechos’, los tebeos y el bulto sebáceo que me extirparon sin apenas anestesia


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Por aquí todo bien. Agosto ha entrado con fuerza y el termómetro marca 39 grados ahora mismo.

El verano sigue, con fuerza, como tiene que ser. Ahora me he convertido en toda una manitas. No. No como ‘Pepe Gotera y Otilio’ 😂, aunque no siempre me sale todo perfecto.

¿Te apetece que hablemos hoy de cómics? ¿O de viñetas, que es más castellano?

Ahora mismo me atrevería a decir que el favorito de la familia era ‘Rompetechos’. Ese muñeco bajito, calvo, con gafas de culo de vaso y que, a pesar de las enormes letras de las pancartas, era incapaz de verlas 😬.

Al final un ‘tebeo’ también era otra forma de inculcarnos cultura. Y unos pocos nos compraste de pequeñas. ‘Zipi y Zape’ nos encantaban. Sobre todo después del capítulo en el que se prepararon un delicioso bocadillo de lentejas 😅.

Pero también ‘Doña Urraca’, ‘Mortadelo y Filemón’, ‘La familia Ulises’… Tantos y tantos personajes, que eran parte del fruto de la imaginación de grandes genios del dibujo y con un enorme sentido del humor.

Nada más hermoso que hacer reír a miles de personas con sus ocurrencias. Nada más reconfortante que saber que vas regalando vida, porque al final una buena carcajada dicen que es una rutina muy saludable.

Pero como ya sabes que para las fechas soy infalible, hoy hace años, exactamente no recuerdo, pero como 14, que me extirparon un bulto sebáceo de la espalda. ¡Qué miedo pasé, papá! 😣

Tenía cita a las 8 en el dermatólogo. Llegué pensando que sólo lo iba a mirar y me mandaría para casa. Pero no. Me metió en ‘chiqueros’, me puso anestesia y sin apenas darme tiempo para respirar, cogió el bisturí y abrió.

Aún siento el frío de la hojilla en mi espalda, que todavía tenía sensibilidad. Por mi nerviosismo, yo no paraba de llorar y moverme y el médico me decía que era una ‘cagueta’. Razón no le faltaba 🙄.

Me dio puntos de sutura y cuando ya iba para casa entraste tú por la puerta de la clínica. Creo que al ver mi pálido rostro te diste cuenta de que llegabas tarde. Porque era 1 de agosto. Mi piel parecía de mulata, pero en ese momento estaba pálida.

Las curas fueron aún peores. Un mareo detrás del otro, pero bueno. Otra anécdota más de las miles que me quedan por contar.

Nada más, mi vida. Pasa buena tarde, bebe mucha agua no te vayas a deshidratar y recuerda que, como siempre, y hasta que volvamos a encontrarnos, ¡te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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