Noches de tormenta y días con la sonrisa más bonita del mundo


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo un poco sorprendida por una escena que contemplé esta mañana cuando salía de casa. Un coche de la Policía y una ambulancia estaban parados en Gabriel y Galán y al irme acercando se oían unos gritos que daban miedo.

De hecho, pensé girarme y regresar a casa, pero al final quise ver si la mujer estaba bien. Aparentemente no tenía heridas externas. Su estado de nerviosismo, sus ojos y el temblor de sus manos parecían más propios de una crisis de ansiedad o un ataque de pánico.

Seguí con mi recorrido pautado y terminé en La Rúa, a secas, que si pongo calle ya la hemos liado.

Bajar por esa zona es sumergirme en un laberinto de recuerdos. Paso por las tiendas de souvenirs y aún miro las camisetas y los escaparates buscando una cigüeña o un Lazarillo de Tormes. No tengo remedio.

Anoche, en la capital, se preparó una tormenta de esas que casi te dan ganas de meterte en la cama con los ojos cerrados y tapones en los oídos. Los truenos hacían retumbar la casa. Pero, sin duda, cayeron unos litros de agua que eran muy necesarios para todos después de la ola de calor en la que llevamos inmersos semanas.

Como he heredado parte de esa imaginación que tenías, y que creaba situaciones que rozaban lo surrealista, cuando el cielo se iluminaba para después parecer que se abría, yo me consolaba pensando que eras tú, cabreado por algo, cagándote en todos los dioses. Y entonces mi rictus facial cambiaba y en mi rostro se dibujaba una sonrisa.

Cuando éramos niñas, además de quitarnos el miedo a este asustadizo fenómeno meteorológico, nos enseñaste a adivinar la distancia a la que se hallaba la tormenta.

Desde que daba el relámpago hasta que tronaba, sólo había que contar los segundos que transcurrían. Esa era la distancia a la que se encontraba del lugar donde estuviéramos.

Lo que sabías, mi vida ❤️ Una vez más volví a Facebook. Me gusta mirar los recuerdos de otros años. Hoy hace 2 publicaba la foto que va a ilustrar este post con un texto que decía: “No hay sonrisa más bonita en el mundo que la de mi padre”. Lo ratifico. Igual que este ¡te quiero, papá! con el que me despido. Pasa una feliz tarde.

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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