La cigüeña reencarnada que sobrevuela sobre su casa y vela por mi (gracias por existir)


cigueñas
Foto: bogajo-en-salamanca.blogspot.com

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Puedo afirmar que bien. Te vi, reencarnado en cigüeña, como siempre quisiste, mientras tomábamos una copa de cava con tu amigo Juan Iglesias.

No fui yo sola. El miró hacia el cielo y me dijo: “Ahora mismo estás pensando en tu padre”. Sonreí, afirmé con la cabeza y lancé un beso, que espero que recibieras, porque lleva una dosis extra de cariño.

Estos días están cargados de magia. Estoy, rectifico, estamos recibiendo infinidad de mensajes y muestras de cariño de todo tipo de personas.

Un cariño que se agradece infinito y que me da más fuerza aún para seguir luchando por los sueños que dejamos inacabados y que poco a poco se van haciendo realidad.

Por las mañanas suelo regar la terraza. El agua y los toldos bajan un par de grados las insufribles temperaturas que, al menos hasta el jueves, seguirán dejándonos sin muchas ganas de nada más que una botella de agua fría y un ventilador.

Estoy viendo el Tour. Sí. Al final hago cosas que yo no creía ni que fueran posibles. En la pausa publicitaria recuerdan que a las 8.30 de la mañana comienza el debate de investidura. Ya te iré contando lo que pasa.

Después de limpiar mi habitación de arriba a abajo, lo único que tengo ganas es de tumbarme en la cama, pero nada de siestas. Ya sabes cuál era mi frase: ‘Tarde de siesta, noche de fiesta’.

Y no fiesta de salir por ahí hasta las tantas, sino de dar vueltas en la cama con los ojos abiertos como un búho a la espera de que Morfeo me acune en sus brazos.

Buenos, mi amor, te dejo, que quedan 11 kilómetros para que termine la etapa y esto promete. Pasa buena tarde y no se te ocurra salir ahora a sobrevolar la ciudad, que te puede dar un golpe de calor. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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