Como temple un poco nieva seguro y mis nuevas trenzas de boxeadora


trenzas

¡Hola, papá! ¿Qué tal por ahí arriba? Aquí el calor es asfixiante y la tormenta anunciada no acaba de llegar. Como dirías tú: “Como temple un poco, nieva”. Lo que te encantaba decir esa frase en cualquier estación del año.

Hoy es día 13, sí, el número de los supersticiosos, de los que no creen en esas cosas porque trae mala suerte. Y vaya que sí nos trajo la peor del mundo. Parece mentira, pero ya hace 7 meses que iniciaste esa viaje sin retorno a la eternidad.

El tiempo vuela, pero ahora intento aprovecharlo al máximo. No sé si me has visto con mi último peinado. Unas trenzas de boxeadora, rememorando aquellos tiempos en que cogía los guantes y dejaba al pobre saco, de nombre Charlie, literalmente reventado. No era demasiado complicado. Simplemente le ponías un rostro virtual de uno de los muchos malnacidos que andan sueltos por el mundo y ¡zasca!. Nudillos destrozados, muñeca abierta y más de una uña rota por la fuerza con la que sacudía.

Aún recuerdo la broma que se me pasó por la cabeza un 28 de diciembre, festividad de los Inocentes. Publiqué en mis redes sociales que iba a presentarme a una competición oficial. Y apenas llevaba dos meses de clase. La gente me decía que me lo pensara, que estaba loca, que no lo hiciera. Yo aguantaba los comentarios revolcádome de la risa. Finalmente cuando dije que era una inocentada, más de uno y más de dos respiraron tranquilos.

Creo que ese sentido del humor tan ‘negro’, esa socarronería es genética. Nuestras conversaciones siempre tenían ese punto divertido. Tanto si estábamos solos como en grupo. ¡Ay, papá! Te extraño tanto, tanto…. No puedes imaginar lo que daría por poderte abrazar una vez más, por darte un beso, por decirte lo que te digo aquí cada día y con lo que termino para que esto no se convierta en un culebrón. ¡Te quiero!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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