Mañanitas de San Juan (una moneda tiré yo al agua y mi deseo se enamoraba)


¡Hola, papá! Hoy es el día más mágico del año, el 24 de junio, festividad de San Juan. Ha sido noche de hogueras, de algarabía, de deseos (que realmente pocas veces se cumplen), de ver amanecer junto a la orilla del mar, fundidos en abrazos eternos.

Ya sabes que yo cada año tenía mi pequeño ritual. Cogía dos papeles blancos y un rotulador rojo. En uno escribía 3 cosas buenas que quería que sucedieran y en el otro tres malas que se alejaran de mi vida.

Las buenas eran siempre las mismas: salud, dinero y amor. Especialmente suplicaba que mi familia estuviera siempre bien.

Pero el año pasado caíste enfermo y te marchaste de mi lado para siempre. Así que anoche, como casi todas las señaladas, me metí en la cama, puse música e intenté no pensar en nada. Simplemente que era una más.

Aunque hoy es un día normal, en el que sí he decidido regalar sonrisas a las personas con las que me he cruzado por el camino, es inevitable recordar que hace tres años viví la experiencia más salvaje de mi vida.

A estas horas estaba preparándome para hacer la locura más feliz de mi existencia: correr con el atuendo de San Fermín, convenientemente adaptado para darle un toque sexy y femenino, delante de las motos de mis admirados X-Fighters.

Todavía recuerdo los nervios en el estómago y el olor a gasolina en el patio de cuadrillas de Las Ventas, el ensordecedor ruido de esos motores, que subió mi adrenalina hasta el infinito, y la orden que teníamos de correr sin parar.

Fueron sólo 2 minutos, pero cuando entramos me temblaban las piernas y el corazón latía a 300 pulsaciones.

Después empezó el espectáculo y ahí ya terminé afónica de tanto gritar a mis chicos locos. ¡Bendita locura!

Qué fortuna compartir ‘cartel’ con Tom Pagés, Clinton Moore (mi australiano 💙), Maikel Melero, Josh Sheehan, Taka Higashino, Adam Jones… Los mejores del mundo del motocross freestyle.

Esa noche sí hubo fiesta, fuegos artificiales, química (a raudales), miradas, besos, caricias… Y hasta aquí puedo leer.

Cuando volví a Salamanca y te enseñé el vídeo de corredora novata, me dijiste, con razón, que estaba muy loca, pero también sonreías, porque veías brillar mis ojos con una luz que deslumbraba.

¡Qué rápido pasa todo! Especialmente lo bueno. Nada más, mi vida. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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