Las aventuras familiares en las vacaciones de verano en El Grove

playa-lanzada1

¡Hola, papá! ¿Cómo empezaste la semana? El viernes comienza oficialmente el verano. Un verano completamente distinto sin ti, que ni tan siquiera me planteo cómo voy a afrontar.

Sé que ocupada voy a estar, porque aún tengo muchas cosas por hacer, pero voy a echar de menos venirte a recoger cada mañana a tu banco, montarte en el coche y darnos un chapuzón en la piscina de Tejares, la nuestra. Sobre todo cuando llegue el calor intenso y en casa no se pueda aguantar tanta temperatura.

¿Sabes de qué me estaba acordando ahora? De las vacaciones en El Grove. Todos los años, por julio, emprendíamos viaje a Galicia.

Nos hospedábamos en Casa Campaña, un hostal que regentaba Maruja, una mujer de armas tomar. ¡Menudo carácter tenía! Contrastaba con la dulzura de su hija, Maruxela.

Después de desayunar, tocaba playa. La Lanzada, en pleno océano Atlántico y con un agua tan fría que no hubo un solo viaje en el que no te pusieras malo. Fue la razón principal para cambiar a otros destinos más cálidos.

Cuantos personajes rondan ahora por mi cabeza. Carmen ‘la collares’, que vendía piezas de bisutería artesana hechas con conchas y algunas piedras de colores.

Tenía una especie de pacto con el diablo. Era mayor, me atrevería a decir que anciana, pero lo mismo le daba subirse a los carruseles y dar vueltas hasta marearse que ir por la calle catando los helados de los niños (y cuando digo catar, era darles un mordisco y devolverlos a las criaturas, que lógicamente tenían que tirarlo, porque su falta de higiene era algo obvio).

La señora Lola, que regentaba un bar donde hacía exquisitas queimadas y que nos regalaba camisetas del mercadillo. Javier, el hijo de Maruja, que organizaba fiestas de cumpleaños y nos preparaba para la merienda un extraño megunje verdoso que decía que era sopa de tortuga y que nos hacía beber si no queríamos que nos visitara su enorme perro…

Ahora mismo puedo oler el caldo gallego que Maruja preparaba para cenar algunas noches. ¡Qué poco me gustaba a mí y cuánto a ti!, las sardinas asadas… Comida casera que llenaban los fogones de la cocina.

Si me pusiera a contar anécdotas, no acabaría en días, así que vamos a sonreír un rato recordando una tarde en la que dormías plácidamente tu siesta en la habitación.

Nosotras habíamos estado de sobremesa con amigos de Salamanca también habituales de este alojamiento, en las sillas que colocaba en la puerta.

No sé por qué, decidimos guardar las tarrinas de helado ‘Camy’ vacías. Una vez en el dormitorio, las llenamos de agua, abrimos la ventana y las echamos sobre las cabezas de los que seguían en la improvisada terraza.

Muchas risas por el susto que se llevaron, pero quedaba lo mejor. Ni cortos ni perezosos, cogieron un cubo de agua del comedor y cuando estaba lleno, se pusieron en la puerta del dormitorio y la echaron por debajo de la puerta.

¡Madre mía la que se lió! Tuvimos que bajar a pedir una fregona y un recipiente para recoger todo. Y a todo esto, creo que seguiste durmiendo como si nada a pesar del estruendo.

Bueno, mi vida . Ha sido bonito volver a revivir esos momentos tan hermosos de mi anhelada infancia, que tu convertiste en una etapa de felicidad plena. Pasa buena tarde y ten cuidado con el sol. ¡Te quiero, papá!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s