Aquellos maravillosos años de inocencia y felicidad


yo

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Supongo que con frío. Parece mentira que a poco más de una semana de que llegue oficialmente el verano, haya que ir de nuevo con chaqueta y zapatos cerrados.

Hoy me topé con una foto que llenó mi memoria de momentos maravillosos. Tenía 4 años y era el primer retrato ‘oficial’ como alumna del colegio de las Trinitarias. Me gusta porque es la imagen de la inocencia propia de esa edad, de la felicidad por estrenar una etapa en la vida para formarte y convertirte en una señorita hasta dar el paso a mujer.

Si observas mis ojos ya se adivinaba que venían de la parte de los Carnero. Grandes, muy grandes… Ojones decías tú. Es una mirada limpia, risueña, propia de la edad, en la que todo era bonito, porque mamá y tú os encargastéis de que así fuera.

 Me encanta el vestido. Azul. No era mi color favorito, pues yo siempre fui de rojos, pero nos los hacían en ‘Ecke’, una tienda especializada en ropa para niños, y toda la parte delantera estaba bordada con callos. Cada temporada íbamos a La Alamedilla, donde estaba ubicada, y mamá nos dejaba elegir las telas para que fuéramos las más guapas siempre. Y tú no decías nada, porque también te gustaba presumir de niñas cuando salíamos los cuatro juntos a tomar una Coca Cola o una Mirinda por la noche.

De repente es como si hubiera viajado en el tiempo cuatro décadas atrás y he sentido los nervios cuando me vistieron esa mañana sabiendo que había sesión fotográfica en la escuela. Mi pelo era completamente liso, brillante y castaño oscuro. Un día, sin avisar, se comenzó a rizar y ahora es una tortura luchar, porque no me gustan demasiado las melenas onduladas, salvo para ocasiones especiales.

Mi sonrisa denota cierta timidez. Y es que es cierto que no era especialmente locuaz. Más bien al contrario. Después, con los años y la profesión que elegí, me hice extrovertida, quizá demasiado, y ahora, tras tu partida y algún porrazo que me he llevado por ser tan abierta, me he hecho una coraza para que nadie pueda ya entrar en mi mundo, independientemente de que por aquí escriba muchas cosas que compartimos.

Ahora es nuestro mundo: tuyo y mío, únicamente. Eso no quita, por supuesto, que haga excepciones. Sería absurdo tomar una postura tan radical a estas alturas de la vida. Espero que cojas la foto y la pongas muy cerca de tu corazón como yo hago cada día con las tuyas. Ya no tengo más espacio en él que para ti, mi vida. ¡Te quiero, papá”

 

 

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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