Reflexiones en el silencio de un sábado preveraniego de despedida a Chicho Ibáñez Serrador

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¡Hola, papá! ¿Qué tal va todo? Hoy han abierto oficialmente las piscinas, a pesar de que, como casi siempre, el tiempo no acompaña.  Pero ya sabes que sin ti nada es lo mismo y no creo que me acerque mucho a darme un chapuzón este verano. Sinceramente no me apetece si no estás tú.

Es sábado y tras el bullicio matinal de las carreras de motos, ahora en casa sólo hay silencio. De fondo, muy sutilmente, se oye el cantar de los pajaritos que descansan al sol aprovechando que la ciudad está tranquila.

No sé si te has enterado que falleció Chicho Ibáñez Serrador, creador de multitud de programas y películas, pero sin duda, con autor de un programa que marcó una época en este país: ‘Un, dos tres’.

La ‘Calabaza’, la ‘Ruperta’ y las azafatas estupendas con sus gigantes gafas tapando su cara y los sugerentes modelos que tanto te gustaban. Últimamente, o quizá antes no me daba tanta cuenta, la muerte no para de cortar hilos y de llevarse a personas anónimas o de renombre. Da igual. Al final a todos nos llega el momento de decir adiós.

Ayer oí una frase que realmente me impactó. Y en cierta manera me reconfortó. Hablando de cuando se van los padres, Alejandro Sanz, el cantante, decía que cuando fallecieron los suyos la gente le decía que tenía que aprender a despedirse. Y él, en una reflexión que me gustó, decía que no hay razón para decir adiós a las personas a las que has amado con todo el alma. A ellas son a las que hay que llevar siempre en el corazón, saludar cada mañana, recordar con el máximo cariño, hablarles, escribirles…. tener conexión. Hay que dar puerta a las que no aportaron nada, si acaso dolor, a nuestra existencia.

Y cuando lo estaba escuchando, sentí muy intenso dentro de mí. Creo que fue un argumento convincente. Al menos a mí me lo pareció. Y con eso me quedo. Con eso y con la cita que tenemos pendiente para reencontrarnos, cuando toque, en la séptima farola de la eternidad para fundirnos en un abrazo que te prometo que será eterno, mi vida. ¡Te quiero, papá!

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