Mañanitas en el mercado central recordando historias de mi niñez


mercado

¡Hola, papá! ¿Qué tal sigues? Espero que bien. Hoy anunciaban una bajada de temperaturas, pero la verdad es que sigue haciendo bochorno. Es lunes, 3 de junio, una fecha que seguro que recordarás. Hoy hace años de la Primera Comunión de Marta. Echando cuentas me salen 35.

Y no puedo evitar sonreír al acordarme de la ‘sordera’, que como siempre te decía era en función de lo que quisieras escuchar. Así que durante la misa no oíste nada, pero al poco de abandonar la iglesia, como si se hubiera obrado el milagro, tus tímpanos se desatascaron y ya pudiste disfrutar el resto de la jornada como orgulloso padre que eras.

Recuerdo que mamá me compró un traje amarillo, sí, amarillo, de bermudas y cazadora, con una blusa azul con corazones en ese color que tan poco me gusta desde siempre. Recuerdo que tomamos un aperitivo en La Montaraza antes de ir a comer, el frío que hacía para ser junio, la comida, otra vez el vino que habías elegido cuidadosamente para los invitados.

Esta mañana volví al mercado central después de mucho tiempo sin hacerlo sola. Hice una pequeña compra y paseé por los puestos que solía recorrer de niña cuando bajaba con mamá. Mi mirada recaló especialmente en uno que había en la planta de abajo, donde solíamos cogerte aceitunas (te volvían loco), escabeche y bonito en aceite de oliva. Ahora es un local donde venden ‘pulgas’ de pan rellenas con infinidad de cosas.

Fue una delicia volver a contemplar sus vidrieras, oler a pan recién hecho, incluso a pescado fresco… Creo que te lo conté más de una vez, pero empecé a cogerle manía a la fauna marina comestible una mañana en la que limpiando una pieza de merluza, al pescadero se le saltó un pedazo y fue a parar directamente a mis labios. Todo un trauma infantil. ¡Qué historias!

Y hoy, en este 3 de junio, a sabiendas de que no te gustaba el deporte, no quiero olvidarme de Luis Salom, que casi a estas horas, en 2016, sufría un accidente mortal con solo 24 años. Un momento que marcó la vida de todos los que amamos el motociclismo. Y más cuando sólo unos meses antes había tenido la oportunidad de saludarle y conocer personalmente a él y a su madre, que nos inmortalizó en Misano en una imagen que guardo como un tesoro. Te la enseñé entre lágrimas. Tu me miraste con ternura, porque mis lágrimas no cesaban.

Duro es perder a un padre, pero se supone que es ley de vida que los progenitores se marchen antes, pero que se vaya un hijo, y de esa manera tan cruel, es aún más difícil.

Bueno, mi amor, te dejo. Que pases un buen día. Yo me marcho al gimnasio, aunque con este calor apetece más irse a comer un helado a la Plaza Mayor. ¡Te quiero, papá!

 

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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