La memoria es la inteligencia del torpe… (tus frases únicas y siempre sabias)


piscina
En Tejares, de tertulia, tomando el sol antes de darte un refrescante chapuzón.

¡Hola, papá! Vaya día de chicharra que hace. Tremendo el calor con el que ha comenzado junio, pero parece que mañana ya empiezan a bajar las temperaturas y esta semana será un poco más fresca.

Fíjate que siempre me encantó el verano, pero este año tengo miedo de que llegue, porque no sé cómo va a ser sin ti. Ni tan siquiera tengo decidido si voy a ir a la piscina. Será duro llegar allí y ver una tumbona vacía, sin tu toalla de la peseta, que aún está tal y como la guardaste en septiembre en el maletero del coche rojo.

Decías siempre que la memoria es la inteligencia del torpe. Y yo siempre he tenido bastante, pero ahora más. Intento recordar lo que hacíamos en tal o cual fecha. Supongo que será el proceso normal en un duelo.

Hoy había motos en Mugello. Y en esa búsqueda incesante de recuerdos, se me vino a la cabeza una comida que celebramos un domingo como hoy hace tres años. Habías invitado a comer a tu amigo Paco Orejudo y yo intentaba preparar un menú especial, aunque mi cabeza estaba más pensando en amarillo Rossi que en lo que tenía delante de mi para echar a la cazuela.

No se me olvida el arroz con bogavante. Creo que uno de los peores de mi vida. Me empeñé en hacerlo en cazuela de barro y el agua se absorbió rápidamente. Al final parecía más un rissoto que otra cosa. Y para postre me lié aún más. Por primera vez, y creo que por última, hice bartolillos rellenos de crema pastelera.

Había comprado unos moldes en forma de cono para darles la forma en la sartén. La masa no era complicada de hacer, pero sí tenía que llevar la cantidad exacta de cada ingrediente para quedar con el toque de crujiente y el dulzor justo. Luego molí azúcar y la verdad es que los visualizo y pienso que me quedaron realmente buenos para ser novata. Eso sí… quedó todo lleno de grasa. Lo que más me extraña es que yo, que hago fotos de casi cualquier cosa, no tenga inmortalizado ese plato, que una vez más contó con tu beneplácito y felicitación.

La comida fue mitad éxito y mitad desastre. La carrera, lo peor. Valentino salía desde la ‘pole’ y rompió el motor. El casco de Mugiallo no le trajo suerte y hoy, como no podía ser de otra manera, se fue al suelo. A diferencia de antaño, antes lloraba desconsolada cuando esto pasaba. Hoy sólo me he quedado pensativa, algo triste… pero nada de lágrimas. La verdadera tragedia de mi existencia ha sido perderte. Claro que de eso no te das cuenta hasta que pasa. Hasta entonces, magnificas cualquier cosa.

Creo que ya te conté que hoy se ‘jubila’ definitivamente el rey emérito. Ayer también lo hizo Pepe, el de nuestro garaje y poco más te digo, cariño. La verdad es que la tarde se presenta ajetreada y con pocas ganas de hacer nada salvo tumbarme en la cama con el ventilador.

Pero no puede ser. Así que te voy a dejar que disfrutes de la tarde del domingo con los amigos que seguro que ya tienes por ahí. ¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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