Bob Dylan cumple 78, Theresa May se va y yo abandono mi afición al ciclismo


dylanbuena

¡Hola, papá! ¿Qué tal llevas el día? Espero que mejor que el mío. Supongo que el duelo es así, pero lejos de mejorar mi estado anímico cuando ya han pasado casi seis meses que te fuiste (¡madre mía!), voy regular tirando a mal. Cada vez te echo más de menos, cada minuto me pregunto por qué te tuviste que marchar tan pronto.

Da igual salir a la calle o estar en casa. Todo me recuerda a ti. Incluso siento tu olor cuando paso por algunos sitios y cada vez que estoy en mi habitación miro con nostalgia hacia la puerta por la que tantas veces entraste para darme un beso o para sentarte conmigo a consolarme en los momentos en que me sentía más débil.

Tristeza infinita, que intento disimular, pero que es imposible, porque al final quien me conoce y me mira a los ojos, sabe el dolor que siento y lo sola que me encuentro. Esa soledad me aterra, me va consumiendo poco a poco, me hace pensar muchas cosas… demasiadas.

Pero vamos a dejar este tema y te voy a poner al día, por si acaso no te llega información de cómo va el mundo. Hoy es María Auxiliadora, patrona de Los Salesianos, termina la campaña electoral (el domingo hay que elegir representantes para la Unión Europea, las comunidades autónomas y los ayuntamientos), la primera ministra británica, Teresa May, anuncia que se va y Bob Dylan (sí, es al que le dieron el Nobel de Literatura por escribir canciones) cumple 78 años.

Ayer decidí no ver más etapas del Giro de Italia, porque estrenaron puerto de montaña y fue inevitable acordarme de nuestras tardes delante de la televisión animando a nuestros ciclistas favoritos. Seguro que ahora estás sonriendo y acordándote de mi grito de guerra: ¡Hala, Bontempi! Cada vez que había una etapa con final en llano, el italiano me hacía sacar de mi ese toque de locura, esa impulsividad que no sé si es positiva o negativa, esa felicidad cuando cruzaba la meta en primer lugar.

¡Ay, papá! Hoy me siento derrotada. Es como si me hubieran descargado la batería, como si las pilas se fueran consumiendo. No sé. Es una sensación muy extraña. Supongo que normal en este proceso de aprender a vivir sin ti, aunque creo que a eso no se acostumbra uno nunca.

Te dejo, mi vida, que es la hora de tu siesta y la mía de empezar a prepararme para ir al gimnasio un rato a ver si me distraigo con mis amigos. Disfruta lo que puedas del viernes. ¡Te quiero, papá!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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