El hombre de las camisetas más divertidas y originales del mundo

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¡Hola, papá! ¿Qué tal sigues? Espero que ya te hayas quitado el pantalón largo y tengas bermudas y camiseta, porque hoy hace aún más calor que ayer.

Y es que tenías una colección de camisetas que eran un reflejo de tu sentido del humor, de tu ironía y de todo aquello que te gustaba. Si no la había en la tienda, te las encargaba por Internet para que pudieras llevar tus dibujos favoritos en los días de verano.

Aún recuerdo la que te regalé en Isla Canela, de Kukutxumuxu, que era la ‘Ovolution’ y empezaba con un cascarón de huevo abriéndose y terminaba con un pollo asado. Y de aquella de las cigüeñas, donde estaban las lloricas y el infiltrado, sin olvidar las del Lazarillo de Tormes, Cervantes y algunas que te traje de Bondi Beach, en Australia, que aún están en el armario con la bolsa y el ticket.

No te dio tiempo a estrenarlas, sólo a verlas desde la cama del hospital cuando llegué del viaje más especial de mi vida.

Ahora me viene a la cabeza que poco antes de ingresar, una mañana que salimos de casetas durante las Ferias de Salamanca, pasé por una tienda de La Rúa y una me llamó la atención. Ponía una frase que tú repetías en muchas ocasiones: ‘Quad natura non dat, Salamanca non praestat’. Llegué a casa y te acababas de levantar de la siesta. Veo tu cara de felicidad. Te la pusiste esa misma noche para salir. ¡Y qué guapo ibas, Dios mío! Te quedaba genial ese estilo de gamberrete que usabas durante la época estival.

Creo que me repito demasiado en ocasiones, pero si el invierno sin ti fue duro, el verano va a serlo más. Ahora anochece muy tarde y veo a la gente feliz, en las terrazas, tomando una cerveza fresquita y pienso que en los buenísimos ratos que pasábamos nosotros allí. Era nuestro momento de confidencias, de conversaciones trascendentes o intrascendentes, de manos entrelazadas, de caricias en tu pelo rizado, de besos… De tantas y tantas cosas que soy incapaz de asumir que ya no volverán.

Leo Twitter y veo que hoy ha muerto otro escritor: Eduardo Punset. Y es que esto es un no parar. Por allí arriba tenéis que tener unas tertulias de lo más intelectual.

Cuídate mi vida. Te echo menos cada segundo, cada suspiro y ahora mismo me falta el aire para seguir escribiendo. Sólo tengo lágrimas que me apenas me dejan leer este texto. Así que te dejo que disfrutes de esta tarde de sol. ¡Te quiero, papá!

 

 

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